jueves, 19 de julio de 2012
reporte final de semana 34 a 36
Emma este es el último reporte de tu vida prenatal porque naciste al iniciar la semana 36. Durante la semana 34 me despertaba con tu culito hecho un cerrito de parado justo a la altura de mi ombligo, y por eso te puse "chirriposita" porque te levantabas en forma de cerro que sobresalía en mi panza. Tu cabeza flotaba a mi costado derecho y pateabas hacia abajo. No era ni parecida a la posición para nacer por parto vaginal. Yo seguía confiando en que los movimientos de cadera iban a hacerte posicionarte para nacer, pero no fue así. Dios tenía todo bajo control y supe que debía ser obediente y confiar. Eso hice. Oraba porque Dios fuera quien se glorificara con todo su poder y amor en mi y me diera las fuerzas para lo que viniera.
El sabado 14 de julio pospusimos el te tuyo porque ese dia fue la fiesta de cumple de 8 años de Javier, tu primito hermano quien nació el 15 de julio del 2004. Yo descansaba en la cama cuando bajé a almorzar con una amiga mia Melissa que vino a dejarte un regalito muy bello, cuando se me rompió la fuente en medio de la cocina de tu abuelita Maru, con mamá mary preparando unas chorreadas y meli sentada a la mesa...fue una aventura porque no estabamos listos, ni mis cosas estaban listas ni las tuyas en las maletas que yacían vacías en el cuarto...salimos casi inmediatamente de la casa, yo en chancletas y sin ropa, ni calzones ni nada....a la 1 pm sucedio este viaje milagroso tuyo de mi vientre a la vida exterior...llegamos al hospital CGuardia y estaba tu prima Yancy con tu papito esperandonos, entramos, se hicieron las priebas del caso, y estabas en una posición de contorsionista bailarina que era imposible hacerte nacer por parto vaginal, y nos pasaron a sala de operaciones para hacerme una cesárea para sacarte. A las 4:21 de la tarde de ese sabado naciste, lloraste y te conoci.
viernes, 29 de junio de 2012
33 semanas y contando
Hija, tengo muy buenas noticias. Ya estamos viviendo en nuestra casita propia. Es un apartamento junto al de abuelita Maru en Barrio Carit. Tu bisabuelo Juan Luis construyó esta casa con sus propias manos, y en esta casa, en estos pasillos y maderas donde crecerás crecí yo misma. Este jardín que recorro y contemplo cada día fue donde inventé y reinventé quien soy hoy. Tu herencia hija está aquí, este cuarto donde escribo, este aire fresco y esta lluvia relajante que vemos caer desde la ventana enorme que nos deja mirar el lago y los peces desde la cama.
Mañana tu papá y tu tío Chico traen tu primer camita, y tu coche para ir a pasear. Tu cuarto es nuestra prioridad ahora, limpiar, acomodar, lavar y dejarlo listo para tu llegada. Mamá Mary, tu bisabuela, nos regaló una carta de bienvenida al hogar donde se dice muy claro cómo el amor es quien reina en la familia que crecerás porque Dios mismo es Amor y el guarda tu vida y nuestro hogar.
Has crecido muchísimo en estas semanas. Cristibel Leandro nos dio clases de Belly Dance y te gustaba mucho porque siempre te movías conforme yo bailaba. Tzila Duran nos dio clases de preparación para el parto y danza libre para embarazadas y lo hicimos por 4 meses consecutivos lo cual me ayudó mucho con los dolores de espalda por tu crecimiento. Vos lo disfrutabas mucho también porque te sentías arrullada por mis movimientos de cadera, piernas y brazos. Salimos juntas por televisión en reportajes sobre estas prácticas para embarazadas en un programa matutino que se llama Buen Día. Nos llamaron para hacer un reportaje sobre belly dance para embarazadas para una revista llamada Agenda Mamà y vamos si Dios nos permite el 11 de Julio para hacer la sesión en San José.
Te estás moviendo ahora, te siento en mi costado derecho siempre como una pelotita dura y por más que intento tocar para averiguar en cual posición estás nunca lo sabré. Me das pataditas en mis costados y no sabes lo feliz que me hace sentirlas...es tan emocionante saber que te voy a re-conocer cara a cara pronto mi amor. Se que vas a crecer en un lugar hermoso lleno de amor que estamos preparando todos para vos.
Dormimos mucho mejor en esta nuestra casa, y aunque mi piel pica por tu crecimiento y estiramiento, sigue por favor creciendo y engordando para que estés lista para el gran día de salir del agua hacia la orilla del mar a tierra firme de la Mano del Señor Jesús y seguir arrullada pero en mis brazos!!!!
martes, 19 de junio de 2012
Emma el día del padre, el 17 de junio cumpliste las 32 semanas, lo cual completa los 8 meses y entras en la cuenta regresiva hacia las 40 semanas...recuerda hija que te digo constantemente que aún falta tiempo para que nazcas, y que no tienes que hacer nada salvo crecer, engordar y estar feliz alabando a nuestro Padre Jesús que tiene la fecha y la hora de tu nacimiento en sus Manos. Sólo debes tomarte de Su mano igual como yo y salir juntas del agua donde estás empujada por las olas que vendrán para ayudarnos a llegar a la Orilla, a tierra firme donde nuestras miradas se encontrarán por primera vez, donde nuestras voces se reconocerán cara a cara...donde hemos preparado un lugar bueno para vos y donde vivirás todas las cosas buenas que Dios preparó para vos. Espera en El, cuando escuches su Voz que te diga, ahora ven conmigo...ve hacia la luz, como te he dicho con la cabeza hacia abajo, con tu coronilla hacia la luz primero, y luego guida por Su mano saldrás hacia una nueva forma de vida donde caminarás, y aprenderás a amar y a ser.
Jesús te dirá cuando enviar las señales a mi cuerpo para tu nacimiento natural y pleno donde Su Gloria te abrazará...te esperamos mi amor.........
martes, 12 de junio de 2012
Sin permiso
Estando acostada de lado ocupada en internet, sentí parte de su cuerpo amontonado en mi costado derecho, y me incomodaba escribir en el teclado y yo sin permiso te empujé creí suavemente como cuando jugamos a patear, pero esta vez sentí feo al hacerlo, sentí como si al empujar algo se desplazara al centro del vientre, me asusté porque pensé que te había hecho daño, te pedí perdón, te acaricié y te hice masajito con aceite después del baño, oré a Dios pidiendo por tu bienestar que nada que dañe, y pedí al Padre que te guarde de todo mal. Fue triste ver lo fácil que se puede dañar un milagro,y pensé en eso todo el día.
Muchas veces pedimos con fe, y cuando recibimos despúes de una larga espera pareciera que no valoramos lo que tenemos. El sólo pensamiento de haberte hecho sentir incómoda, haberte hecho arrugar tu rostro en señal de dolor o susto me hace sentir muy mal. Te pido perdón mi amor. Sos el milagro hecha vida,mi anhelo y sueño más esperado y amado. Que delicado es el hecho de cuidar las bendiciones que nuestro Padre nos regala. El nos da dejando que seamos responsables y muchas veces no lo somos.
Pasar 9 meses en un vientre, siendo formados por Su mano milagrosa, nacer y crecer y apenas se puede descuidar el cuerpo contaminandolo con drogas, sexo sucio, licor, obesidad y peores cosas...se pisotea la obra tan delicada que todos hemos sido y somos...un ser humano.....Señor bendice a esta niña de mi corazón, bendice su cuerpo y emociones y declaro sanidad, vitalidad, vida y amor para ella desde ahora desde la coronilla de sus cabecita hasta la punta de sus pies...amén!
miércoles, 6 de junio de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
de 29 a 30
Emma hoy termina tu semana 29 de viaje y a pocas horas de iniciar la tercera etapa de tu vida te cuento lo orgullosa que estoy de vos. Has crecido mucho, y ejercitado tus múscúlos moviéndote cada vez con mayor fuerza y agilidad. Tu cerebro ha hecho un milagroso desarrollo neuronal y muchisímas conexiones han ayudado a formar parte de tu memoria y de tus recuerdos prenatales. Reconoces mi voz, mis cantos diarios, la voz de tu papá al hablarte por el ombligo mío, y reaccionas con movimientos ante la melodía que procuro que escuches varias veces al día para que te calme una vez fuera de tu escondite en mi vientre. Hoy fuimos nuevamente a la Feria Verde de Aranjuez y bebimos un batido de fresas, banano, maracuyá, coco y chocolate orgánico ...delicioso la verdad...pasamos un sábado muy familiar con Tía Lilliana, Tía Raquel, y Mamá Mary junto con tu Papá y con Tío Diego....
Te quiero felicitar por todo lo que has logrado hasta esta semana, y bueno empezamos mañana Domingo la semana 30...lo creo y me parece un sueño...se me ha hecho taaan corto este viaje...y muy feliz te digo que te bendigo Hija, hoy y siempre. En esta semana 30 empezamos a dar pasos más grandes en tu viaje y nos preparamos juntas...recordá que colaboramos una con la otra, yo te ayudo y vos me ayudás y te agradezco Emma por ser y hacer lo que hacés: crecer, engondar, madurar, aprender y amar...yo crezco con vos,yo aprendo de vos y con vos a ser mejor mujer y a valorar este viaje milagroso como la oportunidad de volver a ser niña a tu lado...Ser como niños para entrar al reino de Dios...
jueves, 31 de mayo de 2012
Alabando
Emma y yo alabamos juntas a nuestro Padre...ella lo hace a su manera intrauterina, moviendose a su ritmo, alzando sus manitas hacia la Luz del espíritu que nos hace rendirnos ante Su presencia en nuestro cuarto, ella en lo secreto de su burbuja amniótica, yo en el espíritu. Ya sabemos ambas que no hay nada como estar unidas en El, sentir el gozo de Su amor, de Su calor abrazándonos cuidando de nosotras, escuchando su voz audible diciendo "Yo estoy contigo" guardando en mi alma Su palabra, Su promesa, Su fidelidad reflejada en tu vida Emma. Llevamos la Gloria de nuestro Padre encima, dentro y fuera nuestro,y en Todo vemos Su Favor. Mi pequeña adoradora tus ojos vieron los ojos de Nuestro Padre ahi en mi vientre, en mis entrañas, y todas las cosas que estaban escritas y luego fueron formadas en tu cuerpo por Su gracia y Poder. Sos la obra de las Manos de nuestro Padre y ruego Señor me des entendimiento y sabiduría para guiar esta niña, para llevarla a tus pies, a tus brazos para que ella encuentre reposo y vida en ti y seas la fuente principal de amor para ella, como lo eres para mi. Amén.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Semana 29....de tu viaje Emma, te ves tan bella acomodada en mi vientre, buscando las pistas para salir de ese primer escondite, ese laberinto de líquidos tibios, sangres palpitantes y colores naranja que logras percibir cada día...de ese collage de sonidos internos de mi respiración, digestión y corazón latidor como el tuyo. Te gusta escuchar música tranquila, la música relajante de tu móvil para dormir en tu camita mientras observas a los animalitos dar vueltas sobre tu cabecita, así lo imagino porque aún no has nacido, sigies creciendo y aprendiendo en tu vida prenatal. Te lo escribo porque todos olvidamos cómo es la vida prenatal. Tu papá y yo escuchamos películas en inglés y yo te hablo en inglés con mucha frecuencias y te mueves más fuerte cuando uso inglés en lugar de español. No te gusta mucho que yo esté sentada, cuando lo hago, puedo ver y sentir alguna protuberancia de tu cuerpo sobre mi costado derecho, te acomodas mejor si estoy acostada o de pie.
Por las noches, empiezas a moverte coin ntensidad a eso de las 8 de la noche supongo que estás buscando la mejor posición para dormir, y quiero que sepas que la posición que tomes dentro de mi vientre, serà la misma que logres hacer una vez que hayas nacido ya en tu camita.
En este momento hay muchas interrupciones como la necesidad de ir al baño a orinar con mucha frecuencia y rapidez. Tu peso presiona mi vejiga y muchas veces no he podido contener y termino toda orinada sobre todo cuando tu papá hace algo gracioso y dice algo que me hace reir justo cuando voy camino al baño y más de una vez he tenido que bañarme por esa razón. Pero me concentro en la imagen mental de tenerte ya nacida y jugar con vos y olvido los pequeños dolores que siento constantemente en mi pelvis.
Hoy salí a caminar con Karla, nuestra vecina en los apartamentos de Barrio Aranjuez donde vivimos hasta Junio. Te cuento que los movimientos tuyos dentro de mi se sienten de muchas formas: unas son como burbujas, como unas cosquillas que me hacen siempre reir, otras veces son como patadas fuertes, intensas, cortas y fuertes; otras son como golpes de boxeo constantes que hacen que mi piel se levante y podamos ver el movieminto desde afuera; otras veces te mueves despacio levantando mi piel como unas pelotitas duras, y se siente como te deslizas dentro del saco de la placenta hacia arriba tocando mi piel y yo le digo a Paulo, vea vea como está moviendose Emma...me encanta la sensación de sentirte viva y activa dentro de mi. He notado que a medida que creces te mueves más fuerte pero sólo en lapsos específicos del día, sobre todo antes de dormir y despúes de comer.
Hoy cumple 31 años Tía Marisol, y ella cree que el regalo perfecto a sus 31 es su pequeña hija Amanda, de lo cual yo estoy segura, y te cuento que este 2012 cuando cumpli mis 35 en marzo dije a todos mis familiares que el regalo perfecto para mí sería tener un bebé y bueno llegaste justo en el Tiempo perfecto de Dios!!!!! Te bendigo pequeña y te amo.
sábado, 12 de mayo de 2012
Sábado 12 de mayo fuimos a la feria verde de Aranjuez
Vimos muchos niños de muchas edades corriendo libremente sin inhibiciones como juegan los niños juntos.
Naturalmente libres, los adultos sonreían y caminaban descubriendo la belleza de ser en vez de tener
Nosotros compramos manzanas de agua, y al hablar con los artesanos que viven cada día la maravillosa herencia divina de crear, sentimos una flama tibia en el corazón al ver cómo ellos comparten sus creaciones sin celos ni temor, más bien con orgullo y amor. Todos te decían Emma pancita lo muy bella que sos, y bailamos bajo la sombra de los árboles de Jacaranda al ritmo del viento...hoy cumples 27 semanas pequeña, y te moviste mucho al caminar entre tantas artesanías y yo mirando lo conmovido del alma de tu Papito, le dije que lo más importante es que vos nos veas siendo creadores de ideas, de arte, de comidas, de bailes, de la vida...Dios es el Creador por excelencia, el padre Creador de todo y todos, y toda su creación es bella...la naturaleza creada por sus manos es herencia y regalo, y no es nuestra, pero si para nosotros y para la vida misma....y es para vos....queremos mi bella enseñarte a vivir en ella, en la naturaleza creadora de Dios que late en tu espíritu y fluye como un río, fresco y limpio como tu alma....Emma tu papá y yo somos los libros abiertos de la vida para vos, para tus pasos, tus risas, tus caricias, tus preguntas, tus curiosidades...somos el umbral para conocer el mundo creado y el mundo que creamos juntos....estamos en el mundo pero no somos de este mundo...somos como fuego creador que purifica al crear, Dios en su Espiritu es fuego que nos purifica con sus manos, manos mismas que usamos para crear...no podemos destruir lo que no somos capaces de crear...por eso recuerda cuidar, proteger, defender la vida delicada que corre por las venas invisibles del agua, aire, tierra...nuestras raices son espirituales antes de ser materiales...
lunes, 16 de abril de 2012
Sentada
Hoy terminas la semana 23, la última semana del quinto mes. Te vi hoy sentada, pode ver tu cabecita, tus muslos bien formados, tus manos, tus pies y tu corazón latidor....Gracias Señor por formar a esta hija nuestra, es taaaaan bella...y activa, el mismo Doctor me dijo que se mueve mucho tanto que le costaba tomar las imágenes...ya almorzamos spaghuethi, atún, y tomate fresco...de postre una manga dulce...está lloviendo hoy y además a partir de hoy voy a trabajar desde la casa como Coordinadora Académica de un centro de idiomas acreditado por el INA.
Te amo mi amor con todo mi corazón....te canto y cantas con tu cuerpo, te acaricio desde afuera y vos me acaricias desde adentro el alma!!!!! Dios te guarde!!!!
Te amo mi amor con todo mi corazón....te canto y cantas con tu cuerpo, te acaricio desde afuera y vos me acaricias desde adentro el alma!!!!! Dios te guarde!!!!
martes, 20 de marzo de 2012
19-20 semanas
Esta semana de marzo tu tío cumple 34 años, y vos pequeña completas tus veinte semanas de vida prenatal. Te canto varias canciones durante varias horas de día como parte de nuestros rituales....al levantarnos y saludar al sol, al bañarnos, a la hora de la merienda de media mañana, a la hora del almuerzo antes de tomar la siesta, a la hora de la tarde y antes de dormir...además te hice una selección de temas con vídeos para mostrarte y que escuches para que los recuerdes y aprendas algún día....te gustan los sonidos....reaccionas con movimientos...ya estás más bella que antes, pero igual estarás más linda cada día que pasa....soñamos con verte nacer, con tus ojos, tus manos curiosas, tu piel rosada, suave y de fragancia natural y deliciosa...tenerte como capullito en el rebozo de mi corazón...y verte crecer jugando en el jardín...Tia Lilli te regaló tus primera ropita...Abuela teje un abrigo para vos y una colchita....yo diseño un móvil de telas ...te esperamos!!!!!!!!! Te bendigo hija en el nombre poderoso del Señor Jesús porque tu vida es maravillosa, y milagrosa tanto como tu viaje....
http://www.bebes.sutterhealth.org/babygrowth/fetaldev/bg_fetaldev-5.html
http://www.bebes.sutterhealth.org/babygrowth/fetaldev/bg_fetaldev-5.html
viernes, 9 de marzo de 2012
Luna Llena de Marzo
Anoche Jueves 8 de marzo hizo luna llena, hermosa y radiante como pocas...la noche estaba muy fría con mucho viento pero la luna lucía intacta, impenetrable, silente, misteriosa como si nada podría alterar su estado preñado de luz...yo caminaba contemplando su redondez pálida mientras pensaba en vos hija, sabiendo que estás dentro de tu propia luna, llena de luz creciendo cada día dentro de mi vientre y supe que somos parecidas...todos los días gestamos ideas, proyectos, sueños, palabras y poemas impregnados de verdad y subjetividad construyendo siempre...desarrollando siempre nuestro ser igual como la luna cambia día a día...somos ciclos dentro del milagro insondable de la VIDA.....
Ayer te visualicé en nuestra primera clase de danza libre para embarazadas y preparación para el parto, fue tan fácil verte, sonreírte y mecerte en mis brazos que te esperan con mucha emoción....Dios guarde de tu vida Emma, te cuide y haga crecer fuerte, sana y feliz cada día....
Ayer te visualicé en nuestra primera clase de danza libre para embarazadas y preparación para el parto, fue tan fácil verte, sonreírte y mecerte en mis brazos que te esperan con mucha emoción....Dios guarde de tu vida Emma, te cuide y haga crecer fuerte, sana y feliz cada día....
martes, 6 de marzo de 2012
17 y 35
Hija hoy cumples 17 semanas de vida prenatal...yo cumplo 35 años de vida y sos el mejor regalo que Dios podría haberme dado. Me siento feliz de tenerte, de esperarte y de lucirte dentro de mi vientre tibio. Aunque estos días no te he sentido moverte tanto como otras semanas, se que estas aquí y te amo.
Tu abuela y tía Lilli nos llevaron a comer comida japonesa a la hora del almuerzo y espero que hayas disfrutada de los sabores exóticos y deliciosos del sushi, del tempura y del bento#6 que comí....a la hora de la cena tu paito y el amor de mi vida cocinó para mi y tuvimos una cena romántica en nuestro apartamento...brindamos con una copita de vino tinto claro pequeña para no afectarte...y ahora descansamos y pensamos en tu vida.....crece mi amor, sos la inspiración de nosotros dos hecha persona....Dios Padre nos ayude a criarte y a protegerte...tu papá tiene tres peces gatos en una pecera, se llaman Benito, Garfield y Tony. Algún día pronto los conocerás...y tu abuela Compró lana para tejerte una colcha y un abrigo....
Tu abuela y tía Lilli nos llevaron a comer comida japonesa a la hora del almuerzo y espero que hayas disfrutada de los sabores exóticos y deliciosos del sushi, del tempura y del bento#6 que comí....a la hora de la cena tu paito y el amor de mi vida cocinó para mi y tuvimos una cena romántica en nuestro apartamento...brindamos con una copita de vino tinto claro pequeña para no afectarte...y ahora descansamos y pensamos en tu vida.....crece mi amor, sos la inspiración de nosotros dos hecha persona....Dios Padre nos ayude a criarte y a protegerte...tu papá tiene tres peces gatos en una pecera, se llaman Benito, Garfield y Tony. Algún día pronto los conocerás...y tu abuela Compró lana para tejerte una colcha y un abrigo....
jueves, 1 de marzo de 2012
Burbujas de amor y ensalada de frutas
Eres maravillosa...hoy sentí claramente unas burbujas de amor haciéndome cosquillas en la pancita donde creces y juegas....a la hora del almuerzo...estarías con hambre supongo....fue una sensación muy tierna la verdad y me encantó estar segura de que sos vos sin duda alguna....
Ensalada de frutas porque desde la concepción los libros te comparan con semillas de ajonjolí a las 6-7 semanas, semillas de marañón a las 8 semanas, uvas, albaricoques, manzanas....pareciera que estás hecha de muchos sabores y colores pero lo que reina es tu dulzura...retazos inconfundibles de nuestras vidas hechos nuevos en vos, únicos, irrepetibles....bellos....te imagino muy bella, muy fuerte, intrépida y femenina, creativa, sonriente, irradiando felicidad y alegría...descubriendo sin temor pero con amor al lado de tu papito.....y yo contemplando el paso de tus días haciéndonos felices y enamorados....rodeados de una gran familia alegre de verte crecer corriendo en el jardín....
Ensalada de frutas porque desde la concepción los libros te comparan con semillas de ajonjolí a las 6-7 semanas, semillas de marañón a las 8 semanas, uvas, albaricoques, manzanas....pareciera que estás hecha de muchos sabores y colores pero lo que reina es tu dulzura...retazos inconfundibles de nuestras vidas hechos nuevos en vos, únicos, irrepetibles....bellos....te imagino muy bella, muy fuerte, intrépida y femenina, creativa, sonriente, irradiando felicidad y alegría...descubriendo sin temor pero con amor al lado de tu papito.....y yo contemplando el paso de tus días haciéndonos felices y enamorados....rodeados de una gran familia alegre de verte crecer corriendo en el jardín....
miércoles, 22 de febrero de 2012
transición 15 a 16 semanas
Transición poderosa....grande y bella....es una mañana de gloria en la que escribo hoy sobre tu viaje
fría en extremo, pero no tengo frío porque estamos juntas bajo una cobija...mientras tomo un café con sodas...
esta semana es tiempo en que empiezas a percibir los primeros sonidos, tu papá te habla pegado a mi ombligo al despedirse y al llegar del trabajo...yo te canto y te sonrío porque eres nuestro regalo más bello....esta transición nos hace llegar al cuarto mes de gestación, de vida prenatal y espiritual....me acerca aún más a tu vida....acá estamos esperándote hija...
ya percibes los cambios de luz y sombra a través de mi piel, y escuché tu hermoso y perfecto ritmo cardíaco este lunes
20 nuevamente....he tenido una inflamación de colon y malestar estomacal pero espero que no te afecte en nada hija....como para que crezcas fuerte...hoy frutas, y cereal integral con galletas sodas...te amamos y esperamos que sigas explorando y disfrutando tu viaje milagroso, muévete y aprende sobre las maravillas que hace tu cuerpo.....
fría en extremo, pero no tengo frío porque estamos juntas bajo una cobija...mientras tomo un café con sodas...
esta semana es tiempo en que empiezas a percibir los primeros sonidos, tu papá te habla pegado a mi ombligo al despedirse y al llegar del trabajo...yo te canto y te sonrío porque eres nuestro regalo más bello....esta transición nos hace llegar al cuarto mes de gestación, de vida prenatal y espiritual....me acerca aún más a tu vida....acá estamos esperándote hija...
ya percibes los cambios de luz y sombra a través de mi piel, y escuché tu hermoso y perfecto ritmo cardíaco este lunes
20 nuevamente....he tenido una inflamación de colon y malestar estomacal pero espero que no te afecte en nada hija....como para que crezcas fuerte...hoy frutas, y cereal integral con galletas sodas...te amamos y esperamos que sigas explorando y disfrutando tu viaje milagroso, muévete y aprende sobre las maravillas que hace tu cuerpo.....
miércoles, 15 de febrero de 2012
14 de febrero 2012
Fecha redimida...antes el día de separación definitiva y legal de mis padres biológicos
Ahora el día en que tu papá y yo nos dimos cuenta que estábamos enamorados y nos besamos
Ahora y para siempre el día en que penetramos en la intimidad tibia de mi útero para verte
y observarte hacer toda clase de movimientos y giros extraordinarios....y el día en que escuché
por primera vez tu corazón latidor, veloz y fuerte...y me emocioné mucho me dejé ir perdida en tus latidos
como algún día te dormirás escuchando los míos que te aman con mucha fuerza....
Ahora será en día en que te vimos bostezar como un oso perezoso...te vimos saludar con tu manita...y te vimos tu rostro hermoso.....
Ahora el día en que tu papá y yo nos dimos cuenta que estábamos enamorados y nos besamos
Ahora y para siempre el día en que penetramos en la intimidad tibia de mi útero para verte
y observarte hacer toda clase de movimientos y giros extraordinarios....y el día en que escuché
por primera vez tu corazón latidor, veloz y fuerte...y me emocioné mucho me dejé ir perdida en tus latidos
como algún día te dormirás escuchando los míos que te aman con mucha fuerza....
Ahora será en día en que te vimos bostezar como un oso perezoso...te vimos saludar con tu manita...y te vimos tu rostro hermoso.....
martes, 14 de febrero de 2012
Décima cuarta semana
Tu viaje está bien encaminado y cumpliendo con el itinerario planeado. Ya has viajado muchos centímetros y tus piernas se han ejercitado más que en las últimas tres semanas, moviendo tus músculos para mantenerte activo al descubrir todas las posibilidades de tu cuerpo. Has viajado en la oscuridad de mi vientre y a pesar de tener tus ojos cerrados todavía, puedes percibir las diferencias de luz, a través de mi piel. Nos dimos un baño temprano y Mayela, nuestra amiga y masajista vino a darnos terapia y nos alivió bastante. Hoy vamos a verte, a penetrar con la ayuda de la tecnología en tu intimidad secreta y vamos a espiarte durante tu viaje con la intensión de averiguar si eres una niña o un niño...espero que seas un poco como nosotros, sin vergüenza de exhibir los genitales ante quien te ama...Tu papá y yo somos naturales en ese sentido y nos encanta estar desnudos uno al frente del otro, como estas vos dentro de tu piscina amniótica temperada.... El señor Jesús es tu compañero y Luz, y Es tu hacedor, sos una obra maestra mientras viajas y disfrutas lo que como...y bebo....te amo hoy y siempre....esta semana descubres hacer muecas con tu rostro, tus uñas y empiezas a parpadear mientras te llevas tus deditos a la boca....voy a ir a comprar kiwis, tomates, hongos, jaleas y pan...para acompañarte en tu viaje milagroso.....
martes, 7 de febrero de 2012
Diez más tres
Mi útero ejerce cierta presión, como un dolor menstrual que me despertó esta madrugada de martes...me asusté porque era algo que no había sentido antes y porque de pronto pensé que eran contracciones, y del mismo susto imaginé dormida que encontraba lo peor entre mis piernas: sangre tuya....no imaginas lo que sentí...oré mucho a Dios Padre para que te guardara en Sus manos con más fuerza, que te proteja porque sentía el terror de la pérdida y en mi corazón empecé a experimentar la paz de que todo esta bien, que Dios está conmigo y que es normal porque estás creciendo muy rápido dentro de mi y mi vientre crece cada día contigo....al hablarte siento que mi vientre se conmueve...¿ya me puedes oír? ¿Me puedes sentir? ¿Sabes que te amo con cada roce de mis manos, con cada masaje de aceite para mi piel, con cada palabra? Sabes Tesoro que te espero, que si eres niño o niña eres una maravillosa aventura, un viaje milagroso hacia la vida con tu manita como nuestro horizonte. Soñé que eras niña, una preciosa gordita que me mirabas con tus ojos redondos y llenos de luz....tu mirada era tranquila, feliz, intensa, y penetrante....y me desperté con una sonrisa en mis labios, una alegría que me dura hasta el día de hoy....quiero vestirte con colores llenos de vida, lila, morado, naranja, amarillo, verde, celeste, turquesa, azul, rojos...quiero nadar contigo, jugar contigo, amarte mucho como ya te amo, hacerte reír y reír contigo... enseñarte a hablar, a escuchar, a caminar, a correr, a brincar, a bailar, a pintar, a inventar y leer....a amar y vivir la vida con nosotros...quiero que veas lo mucho que te ama tu papá y lo divertido que puede ser....quiero que seas fuerte y valiente, independiente y critica....obediente y segura de ti misma y que te relaciones con todos sin timidez...que sepas que no tienes que hacer nada para obtener mi amor porque ya es todo tuyo incondicionalmente....y que aprendas a amarnos de igual manera...con corazones donde fluya libremente el perdón y la misericordia...esta semana cumpliste 13 semanas pequeño, y aun no se tu sexo y me encantaría no saberlo hasta que Dios mismo me confirme tu nombre cuando nazcas....y mirarte entre mis brazos y perderme en tu mirada milagrosa...disfruta esta etapa de tu viaje milagroso mi amor....y crece crece crece...mi cuerpo es para vos....
jueves, 2 de febrero de 2012
El gigante egoísta
Cuento para navidad.....
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.
Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura, que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
—¡Qué felices somos aquí! —se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
—¿Qué hacen aquí? —surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
—Este jardín es mío. Es mi jardín propio —dijo el Gigante—; todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Y de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:
"ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES".
Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener donde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
—¡Qué dichosos éramos allí! —se decían unos a otros.
Cuando la Primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el Invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños, que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.
Los únicos que ahí se sentían a gusto, eran la Nieve y la Escarcha.
—La Primavera se olvidó de este jardín —se dijeron—, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
—¡Qué lugar más agradable! —dijo—. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también.
Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.
—No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí— decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco, espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la Primavera no llegó nunca, ni tampoco el Verano. El Otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.
—Es un gigante demasiado egoísta—decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el Invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.
—¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la Primavera —dijo el Gigante y saltó de la cama para correr a la ventana.
¿Y qué es lo que vio?
Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello. Sólo en un rincón el Invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.
—¡Sube a mí, niñito! —decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño.
El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
—¡Cuán egoísta he sido! —exclamó—. Ahora sé por qué la Primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.
Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en Invierno otra vez. Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la Primavera regresó al jardín.
—Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos —dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.
Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás.
Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.
—Pero, ¿dónde está el más pequeñito? —preguntó el Gigante—, ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
—No lo sabemos —respondieron los niños—, se marchó solito.
—Díganle que vuelva mañana —dijo el Gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían donde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.
—¡Cómo me gustaría volverle a ver! —repetía.
Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.
—Tengo muchas flores hermosas —se decía—, pero los niños son las flores más hermosas de todas.
Una mañana de Invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el Invierno pues sabía que el Invierno era simplemente la Primavera dormida, y que las flores estaban descansando.
Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado y miró, miró…
Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín, había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.
Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín. Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:
—¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?
Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.
—¿Pero, quién se atrevió a herirte? —gritó el Gigante—. Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
—¡No! —respondió el niño—. Estas son las heridas del Amor.
—¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? —preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
—Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.
Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.
Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura, que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
—¡Qué felices somos aquí! —se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
—¿Qué hacen aquí? —surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
—Este jardín es mío. Es mi jardín propio —dijo el Gigante—; todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Y de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:
"ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES".
Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener donde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
—¡Qué dichosos éramos allí! —se decían unos a otros.
Cuando la Primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el Invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños, que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.
Los únicos que ahí se sentían a gusto, eran la Nieve y la Escarcha.
—La Primavera se olvidó de este jardín —se dijeron—, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
—¡Qué lugar más agradable! —dijo—. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también.
Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.
—No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí— decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco, espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la Primavera no llegó nunca, ni tampoco el Verano. El Otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.
—Es un gigante demasiado egoísta—decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el Invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.
—¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la Primavera —dijo el Gigante y saltó de la cama para correr a la ventana.
¿Y qué es lo que vio?
Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello. Sólo en un rincón el Invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.
—¡Sube a mí, niñito! —decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño.
El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
—¡Cuán egoísta he sido! —exclamó—. Ahora sé por qué la Primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.
Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en Invierno otra vez. Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la Primavera regresó al jardín.
—Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos —dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.
Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás.
Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.
—Pero, ¿dónde está el más pequeñito? —preguntó el Gigante—, ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
—No lo sabemos —respondieron los niños—, se marchó solito.
—Díganle que vuelva mañana —dijo el Gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían donde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.
—¡Cómo me gustaría volverle a ver! —repetía.
Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.
—Tengo muchas flores hermosas —se decía—, pero los niños son las flores más hermosas de todas.
Una mañana de Invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el Invierno pues sabía que el Invierno era simplemente la Primavera dormida, y que las flores estaban descansando.
Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado y miró, miró…
Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín, había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.
Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín. Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:
—¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?
Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.
—¿Pero, quién se atrevió a herirte? —gritó el Gigante—. Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
—¡No! —respondió el niño—. Estas son las heridas del Amor.
—¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? —preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
—Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.
Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.
12 semanas
El viaje milagroso de millones de soles dentro de las aguas cálidas de mi esencia femenina inició enredada entre las raíces del tronco de la vida, del árbol de la vida etéreo que nos une en besos y amores infinitos hace muchas semanas...pero tu viaje ya lleva doce semanas, y has traspasado membranas y vencido temores. Has triunfado desde el misterioso momento en que tu viaje te hizo llegar de primero al paraíso de mi ovulo fértil en luna llena y conquistaste durante estas doce semanas mi tierra, haciéndola tuya, Dios construyó tu cuna tibia en mi carne haciendo mi sangre y mi oxígeno parte vital de tu vida. Creces dentro de mí, cada día, mientras tu milagroso viaje continua y sigues explorando la oscuridad de mi vientre, escuchando el novedoso eco sonoro de mis latidos que te dará seguridad y amor, mientras en tu tiempo libre nadas libremente ejercitando tus músculos en desarrollo. Dios mismo te acuna en Sus manos y hace transformar todo mi cuerpo...mis pechos destilaron miel de amor muchas veces antes de que iniciaras tu viaje, pero ahora, porque estás viajando dentro de mi, mis pechos crecen, y experimentan tu viaje preparándose para destilar la miel que te alimentará cuando inicies una etapa de tu viaje milagroso y te digo que nunca había visto mis pechos tan bellos como ahora y todo gracias a tu presencia. Vivo y bendigo la hora en que estás, y espero cada día un episodio más de tu viaje milagroso.
ochos semanas
Si el tiempo que nos quedara en la vida fueran ocho semanas...que haríamos???? La energía que nos hace vivir y movernos es milagrosamente depositada con una delicadeza y un poder fuera del control de cada ser humano, un misterio total es tratar de entender como todas las células madres hacen que las demás células obedezcan sin peros la formación de cada órgano, y funciones del cuerpo...los huesos, el corazón que late, la piel, los pulmones, los tejidos y todos los demás órganos de un sistema completo y perfecto... y en solo ocho semanas un ser humano ya está prácticamente totalmente formado....dentro de mi vientre creces y lates con fuerza y velocidad impresionante y aunque no pueda sentir tus movimientos aún, ni verte todos los días, se que estás conmigo, te siento y te amo.
Rikki Tiki Tavi
Rikki-tikki-tavi
Rudyard Kipling
Ésta es la historia de la gran batalla que sostuvo Rikki-tikki-tavi, sin ayuda de nadie, en los cuartos de baño del gran bungalow que había en el acuartelamiento de Segowlee. Darzee, el pájaro tejedor, la ayudó, y Chuchundra, el ratón almizclero, que nunca anda por el centro del suelo, sino junto a las paredes, silenciosamente, fue quien la aconsejó.
Era una mangosta1, parecida a un gato pequeño en la piel y la cola, pero mucho más cercana a una comadreja en la cabeza y las costumbres. Los ojos y la punta de su hocico inquieto eran de color rosa; podía rascarse donde quisiera, con cualquier pata, delantera o trasera, que le apeteciera usar; podía inflar la cola hasta que pareciera un cepillo para limpiar botellas, y el grito de guerra que daba cuando iba correteando por las altas hierbas era:
-¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchk!
Un día, una de las grandes riadas de verano la sacó de la madriguera en que vivía con su padre y su madre, y la arrastró, pataleando y cloqueando, a una zanja al borde de la carretera. En ella flotaba un pequeño manojo de hierba al que se agarró hasta perder el sentido. Cuando se reanimó, estaba tumbada al calor del sol en mitad del sendero de un jardín, rebozada de barro, y un niño pequeño decía:
-Una mangosta muerta. Vamos a enterrarla.
-No -dijo su madre-, vamos a meterla dentro para secarla. Puede que no esté muerta.
La llevaron a la casa, y un hombre grande la cogió entre el índice y el pulgar y dijo que no estaba muerta, sino medio ahogada; con lo cual la envolvieron en algodón, le dieron calor, y ella abrió los ojos y estornudó.
-Ahora -dijo el hombre grande (era un inglés que se acababa de mudar al bungalow)-, no la asusten, y vamos a ver qué hace.
Asustar a una mangosta es lo más difícil del mundo, porque está llena de curiosidad, desde el hocico hasta la cola. El lema de la familia de las mangostas es: «Corre y entérate», y Rikki-tikki hacía honor a su raza. Miró el algodón, decidió que no era comestible, y se puso a dar vueltas alrededor de la mesa; se sentó alisándose la piel y rascándose, y subió al hombro del niño de un salto.
-No te asustes, Teddy -dijo su padre-. Eso es que quiere hacerse amiga tuya.
-¡Ay! Me está haciendo cosquillas debajo de la barbilla -dijo Teddy.
Rikki-tikki se puso a mirar debajo del cuello de la camisa del niño, le olisqueó la oreja, y bajó por su cuerpo hasta el suelo, donde se sentó, restregándose el hocico.
-Pero ¡bueno! -dijo la madre de Teddy-. ¿Y esto es un animal salvaje? Será que se está portando bien porque hemos sido amables con él.
-Todas las mangostas son así -dijo su marido-. Si Teddy no la coge por la cola, o intenta meterla en una jaula. se pasará todo el día entrando y saliendo de la casa. Vamos a darle algo de comer.
Le dieron un trocito de carne cruda. A Rikki-tikki le gustó muchísimo y, al terminárselo, salió corriendo a la terraza, se sentó al sol y erizó la piel para que los pelos se le secaran hasta las raíces. Entonces empezó a sentirse mejor.
«Aún me quedan tantas cosas por descubrir en esta casa -se dijo a sí misma-, que los de mi familia tardarían toda una vida en conseguirlo. Pienso quedarme y enterarme de todo.»
Se dedicó a dar vueltas por la casa durante el resto del día. Estuvo a punto de ahogarse en las bañeras, metió la nariz en el tintero que había encima del escritorio, y se la quemó con la punta del cigarro del hombre grande, porque se le había subido a las rodillas para ver cómo se escribía. Al anochecer se metió en el cuarto de Teddy para ver cómo se encendían las lámparas de parafina, y cuando Teddy se metió en la cama, Rikki-tikki hizo lo mismo; pero era un compañero muy inquieto, porque tenía que estar levantándose toda la noche, cada vez que oía un ruido, para ver de dónde venía. A última hora, la madre y el padre de Teddy entraron a echar un vistazo a su hijo, y Rikki-tikki estaba despierta encima de la almohada.
-Esto no me gusta -dijo la madre de Teddy-. Puede que muerda al niño.
-No va a hacer nada semejante -dijo el padre-. Teddy está más seguro con esa fierecilla que si tuviera a un sabueso vigilándolo. Si ahora mismo entrara una serpiente en este cuarto...
Pero la madre de Teddy no quería ni pensar en algo tan horrible.
Por la mañana temprano, Rikki-tikki fue a la terraza a desayunar, montada sobre el hombro de Teddy, y le dieron un poco de plátano y de huevo pasado por agua; se fue sentando en las rodillas de todos, uno detrás de otro, porque todas las mangostas de buena familia aspiran a ser mangostas caseras algún día, y acabar teniendo habitaciones en las que poder correr, y la madre de Rikki-tikki (que había vivido en casa del General, en Segowlee) le había explicado cuidadosamente a Rikki-tikki lo que tenía que hacer cuando se encontrara entre hombres blancos.
Después Rikki-tikki se fue al jardín para ver si había algo que mereciera la pena. Era un jardín grande, a medio cultivar, con arbustos igual de grandes que los cenadores hechos de rosales del Mariscal Niel; limeros y naranjos, matas de bambú, y partes llenas de hierba alta.
-Esto es un coto de caza espléndido -dijo, y la cola se le infló, poniéndosele como un cepillo para limpiar botellas, nada más pensarlo, y correteó por todo el jardín, olisqueando por aquí y por allí hasta que oyó unas voces muy tristes que venían de un espino.
Era Darzee, el pájaro tejedor, y su mujer. Había hecho un nido precioso juntando dos hojas grandes y cosiendo los bordes con fibras, llenándolo de algodón y pelusa parecida al plumón. El nido se balanceaba de un lado a otro, y ellos estaban sentados en el borde, llorando.
-¿Qué ocurre? -preguntó Rikki-tikki.
-Estamos desolados -dijo Darzee-. Uno de nuestros hijos se cayó del nido ayer, y Nag se lo comió.
-¡Hmm! -dijo Rikki-tikki-, eso es muy triste..., pero yo no soy de aquí. ¿Quién es Nag?
Darzee y su mujer se limitaron a esconderse dentro del nido. Sin contestar, porque de la hierba espesa que había al pie del arbusto salió un silbido sordo, un sonido frío y horrible que hizo a Rikki-tikki saltar hacia atrás medio metro. Entonces, centímetro a centímetro, fue saliendo de la hierba la cabeza y la capucha abierta de Nag, la enorme cobra negra, que medía casi dos metros desde la lengua hasta la punta de la cola. Cuando hubo levantado del suelo una tercera parte del cuerpo, se quedó balanceándose hacia delante y hacia atrás, exactamente igual que una mata de diente de león bamboleándose al viento, y miró a Rikki-tikki con esos ojos tan malvados que tienen las serpientes, que nunca cambian de expresión, piensen lo que piensen.
-¿Que quién es Nag? -dijo-. Yo soy Nag. El gran dios Brahma puso su marca sobre todas las de nuestra especie cuando la primera cobra abrió la capucha para protegerle del sol mientras dormía. ¡Mírame y tiembla!
Abrió la capucha más todavía y Rikki-tikki vio, en la parte de atrás, la marca que parece un par de anteojos, y que es exactamente igual que la parte de un corchete que se llama «hembra». Durante un instante tuvo miedo; pero es imposible que una mangosta esté asustada mucho tiempo, y aunque era la primera vez que Rikki-tikki veía una cobra viva, su madre la había alimentado con cobras muertas, y sabía que el único deber de una mangosta adulta es cazar serpientes y comérselas. Nag también lo sabía, y en el fondo de su frío corazón tenía miedo.
-Bueno -dijo Rikki-tikki, y la cola se le volvió a inflar-, dejando a un lado lo de las marcas, ¿te parece bonito comerse a las crías que se caen de los nidos?
Nag se había quedado pensativo, observando hasta el más mínimo movimiento que se produjera en la hierba detrás de Rikki-tikki. Sabía que, si empezaba a haber mangostas en el jardín, acabaría significando una muerte segura para él y su familia, tarde o temprano, pero quería coger a Rikki-tikki desprevenida. Dejó caer un poco la cabeza hacia un lado.
-Hablemos -dijo-. Tú comes huevos. Y yo, ¿por qué no voy a poder comer pájaros?
-¡Detrás! ¡Mira detrás de ti! -cantó Darzee.
Rikki-tikki era demasiado lista para perder el tiempo mirando. Dio un salto hacia arriba, todo lo alto que pudo, y justo por debajo de ella pasó silbando la cabeza de Nagaina, la malvada esposa de Nag. Se había ido acercando sigilosamente por detrás, para acabar con la mangosta; y ésta la oyó soltar un susurro feroz al errar el golpe. Rikki-tikki cayó casi encima de su espalda y, de haber sido una mangosta vieja, habría sabido que ése era el momento adecuado para romperle el espinazo de un mordisco; pero le dio miedo el terrible latigazo que da la cobra con la cola para defenderse. Mordió, eso sí, pero no durante el tiempo suficiente, y esquivó la sacudida de la cola, dejando a Nagaina herida y furiosa.
-¡Darzee! ¡Malvado! ¡Malvado! -dijo Nag, serpenteando hacia arriba lo más alto que pudo, intentando llegar al nido que había en el espino.
Pero Darzee lo había construido fuera del alcance de la serpiente, y sólo consiguió bambolearlo.
Rikki-tikiu notó que los ojos se le estaban poniendo rojos y le ardían (cuando a una mangosta se le ponen los ojos rojos, está enfadada), y se sentó, apoyándose en la cola y las patas traseras, como un canguro pequeño, mirando a su alrededor y temblando de rabia. Pero Nag y Nagaina ya habían desaparecido entre la hierba. Cuando una serpiente falla el golpe, nunca dice nada, ni da pistas sobre lo siguiente que va a hacer. Rikki-tikki no tenía el menor interés en seguirlas, porque no estaba segura de poder ocuparse de dos serpientes a la vez. Correteó hacia el sendero de gravilla que había junto a la casa y se sentó a pensar. Aquél era un asunto serio.
Si cogen un libro antiguo de historia natural, leerán que, cuando una mangosta recibe un mordisco de una serpiente en una pelea, se va corriendo a comer unas hierbas que la curan. Esto no es verdad. La victoria consiste en una cuestión de velocidad, tanto de ojos como de pies; se trata del golpe de la serpiente contra el salto de la mangosta; y como no hay ojo capaz de seguir el movimiento de la cabeza de una serpiente al atacar, esto hace que las cosas ocurran de un modo mucho más maravilloso que si se tratara de hierbas mágicas. Rikki-tikki era consciente de ser una mangosta joven, y precisamente por ello, estaba muy satisfecha de haber esquivado un ataque por la espalda. Le dio confianza en sí misma, y cuando Teddy se acercó corriendo por el sendero, Rikki-tikki estaba dispuesta a dejarse acariciar.
Pero justo en el momento en que Teddy se agachaba, algo dio un respingo en el polvo, y su vocecita dijo:
-¡Cuidado! ¡Soy la muerte!
Era Karait, la culebra diminuta de color marrón polvoriento que se mete en la arena adrede, y cuyo mordisco es tan peligroso como el de la cobra. Además, es tan pequeña que nadie piensa en ella, con lo cual resulta más dañina.
A Rikki-tikki se le volvieron a poner los ojos rojos, y se acercó bailoteando hasta Karait, con aquel contoneo tan peculiar que había heredado de su familia. Parece muy gracioso, pero es un movimiento tan equilibrado que permite despegar de un solo salto desde el ángulo que se quiera; y tratándose de serpientes, esa es una gran ventaja. Lo que Rikki-tikki no sabía es que estaba haciendo algo mucho más peligroso que luchar con Nag, porque Karait es tan pequeña y puede retorcerse con tanta agilidad que, a no ser que la mordiera cerca del cogote, recibiría el latigazo en un ojo o en el hocico. Pero Rikki no lo sabía: tenía los ojos ensangrentados y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, buscando un buen sitio donde atacar. Karait se lanzó hacia ella. Rikki saltó a un lado y trató de echarse encima de la culebra, pero la cabecita malvada de color gris polvoriento la envistió, casi rozándole el hombro, y tuvo que saltar por encima, con la cabeza de la serpiente pegada a sus patas.
Teddy se volvió hacia la casa, gritando:
-¡Miren! ¡Nuestra mangosta está matando una serpiente!
Rikki-tikki oyó un grito de la madre de Teddy. Su padre salió corriendo con un palo, pero en el tiempo que tardó en llegar, Karait había dado una embestida mal calculada; Rikki-tikki se lanzó, cayó encima de la serpiente, metió la cabeza todo lo lejos que pudo entre sus patas delanteras, mordió lo más cerca de la cabeza que llegó, y se alejó rodando. Aquel mordisco dejó a Karait paralizada, y Rikki-tikki estaba a punto de devorarla empezando por la cola, siguiendo la costumbre de su familia a la hora de la comida, cuando se acordó de que un estómago lleno equivale a una mangosta lenta, y si quería conservar toda su fuerza y agilidad. tendría que procurar estar delgada.
Se alejó para darse un baño bajo las matas de aceite de ricino, mientras el padre de Teddy golpeaba a Karait, ya muerta.
« ¿De qué sirve eso? -pensó Rikki-tikki-. Si yo ya lo he solucionado todo.»
Y entonces la madre de Teddy la levantó del polvo y la abrazó, exclamando que había salvado la vida de su hijo, y el padre de Teddy dijo que era una providencia, y Teddy puso cara de susto, abriendo mucho los ojos. Rikki-tikki estaba bastante divertida con todo el alboroto aquel, que, por supuesto, no entendía. Le habría dado igual que la madre de Teddy la hubiera acariciado por jugar en el polvo. Rikki lo estaba pasando estupendamente.
Aquella noche, durante la cena, mientras se paseaba entre los vasos de vino de la mesa, podía haber comido el triple de cosas buenas; pero se acordó de Nag y Nagaina, y aunque era muy agradable recibir caricias de la madre de Teddy y sentarse en el hombro del niño, de vez en cuando se le enrojecían los ojos, y lanzaba su largo grito de guerra:
-¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchk!
Teddy se la llevó a la cama con él, e insistió en que Rikki-tikki durmiera bajo su barbilla. Rikki-tikki estaba demasiado bien educada para morder o arañar, pero en cuanto Teddy se durmió, fue a darse un paseo nocturno por la casa, y en la mitad de la oscuridad se encontró con Chuchundra, el ratón almizclero, correteando pegado a la pared. Chuchundra es un animalillo que vive desconsolado. Se pasa toda la noche lloriqueando y haciendo gorgoritos, intentando decidirse a salir al centro de la habitación, pero nunca consigue llegar.
-No me mates -dijo Chuchundra, casi sollozando-. Rikki-tikki, no me mates.
-¿Tú crees que el que mata serpientes mata ratones almizcleros? -preguntó Rikki-tikki desdeñosamente.
-Los que matan serpientes son matados por serpientes -dijo Chuchundra, con más desconsuelo que nunca-. ¿Y cómo voy a estar seguro de que Nag no me confunda contigo en una noche oscura?
-No hay ningún peligro -dijo Rikki-tikki-; además, Nag está en el jardín, y sé que tú no sales nunca.
-Mi prima Chua, la rata, me ha dicho... -dijo Chuchundra, y se detuvo.
-¿Te ha dicho qué?
-¡Sssh! Nag está en todas partes, Rikki-tikki. Deberías haber hablado con Chua en el jardín.
-Pues no he hablado con ella..., así que tienes que decírmelo tú. ¡Rápido, Chuchundra, o te doy un mordisco!
Chuchundra se sentó y empezó a llorar, hasta que las lágrimas le empaparon el bigote.
-Soy un pobre desgraciado -sollozó-. Nunca he tenido el suficiente valor para salir al centro de la habitación. ¡Sssh! Es mejor que no te diga nada. ¿No oyes algo, Rikki-tikki?
Rikki-tikki se puso a escuchar. La casa estaba en silencio absoluto, pero le pareció oír un rac-rac muy apagado (un ruido tan suave como el que hace una avispa al andar por el cristal de una ventana), el roce de las escamas de una serpiente arrastrándose sobre unas baldosas.
«Es Nag o Nagaina -se dijo a sí misma- y está deslizándose por la compuerta del cuarto de baño. Tienes razón, Chuchundra; debería haber hablado con Chua.»
Se dirigió sigilosamente al cuarto de baño de Teddy, pero no había nadie: después fue al cuarto de baño de la madre de Teddy. Al pie de una de las paredes de yeso, había un ladrillo levantado para que sirviera de compuerta de salida del agua, y Rikki-tikki, al pasar junto al borde de ladrillo en que va encajada la bañera, oyó a Nag y Nagaina cuchicheando fuera, a la luz de la luna.
-Cuando no quede gente en la casa -decía Nagaina a su marido-, se tendrá que ir, y entonces volveremos a tener el jardín para nosotros solos. No hagas ruido al entrar, y recuerda que el hombre que mató a Karait es el primero a quien hay que morder. Luego sal a contármelo, y buscaremos a Rikki-tikki los dos juntos.
-Pero ¿estás segura de que matar a la gente tiene alguna ventaja? -dijo Nag.
-Por supuesto. Cuando no había gente en la casa, ¿teníamos una mangosta en el jardín? Mientras el bungalow esté vacío, seremos el rey y la reina del jardín; y recuerda que, cuando se abran los huevos que hemos puesto en el melonar (cosa que puede ocurrir mañana), a los pequeños les va a hacer falta más espacio y tranquilidad.
-No había pensado en eso -dijo Nag-. Iré, pero no es necesario que busquemos a Rikki-tikki después. Yo voy a matar al hombre grande y a su mujer, y al niño si puedo, y a irme tranquilamente. Entonces el bungalow estará vacío, y Rikki-tikki se irá.
Rikki-tikki notó un cosquilleo por todo el cuerpo al oír esto, y le entró rabia y odio; entonces apareció la cabeza de Nag por la compuerta, con sus casi dos metros de cuerpo helado detrás. Aunque estaba indignada, Rikki-tikki se asustó mucho al ver el tamaño de la enorme cobra. Nag se enroscó, levantó la cabeza, y miró al interior del cuarto de baño en la oscuridad, y Rikki vio cómo le brillaban los ojos.
-Bueno..., si lo mato aquí Nagaina se enterará: y si lucho con él en mitad de la habitación, todas las probabilidades están a su favor. ¿Qué debo hacer? -dijo Rikki-tikkitavi.
Nag se balanceó hacia delante y hacia atrás, y entonces Rikki-tikki lo oyó beber del jarrón de agua más grande, que se usaba para llenar el baño.
-Qué buena -dijo la serpiente-. A ver..., cuando mataron a Karait, el hombre grande llevaba un palo. Puede que aún lo tenga, pero cuando venga a bañarse por la mañana no lo traerá. Voy a esperar aquí hasta que entre. Nagaina..., ¿me oyes? Voy a esperar aquí, al fresco, hasta que llegue el día.
No hubo contestación desde fuera, por lo que Rikki-tikki supo que Nagaina se había marchado. Nag fue enroscando sus anillos, uno a uno, alrededor de la parte más ancha del jarrón, y Rikki se quedó tan quieta como un muerto. Al cabo de una hora empezó a moverse, músculo tras músculo, hacia el jarrón. Nag estaba dormido, y Rikki-tikki contempló su inmensa espalda, pensando en cuál sería el mejor sitio para dar un mordisco.
-Si no le parto el espinazo al primer salto, podrá seguir luchando, y, como luche..., ¡ay, Rikki!
Se fijó en la parte más gruesa del cuello, debajo de la capucha, pero no iba a poder con aquello; y si lo mordía en la cola, sólo conseguiría enfurecer a Nag.
-Tendrá que ser en la cabeza -dijo finalmente-; en la cabeza, por encima de la capucha, y una vez que esté ahí, no debo soltar.
Entonces se lanzó. La cabeza estaba algo separada del jarrón, por debajo de la curva; y al juntar las dos filas de dientes, Rikki-tikki apoyó la espalda en el bulto que tenía la pieza de cerámica roja, para tener mejor sujeta su presa. Esto le dio sólo un segundo de ventaja, y lo usó al máximo. Después se vio zarandeada de un lado a otro, como una rata cogida por un perro..., de aquí para allá sobre el suelo, de arriba abajo, y dando vueltas, haciendo grandes círculos; pero tenía los ojos rojos y siguió agarrada mientras el cuerpo se convulsionaba por el suelo, tirando el bote de hojalata, la jabonera, el cepillo para la piel; y se golpeó contra las paredes metálicas del baño. Mientras seguía aferrada, iba mordiendo cada vez con más fuerza, porque estaba segura de que iba a morir a golpes, y por el honor de la familia, prefería que la encontraran con los dientes bien apretados. Estaba mareada, dolorida, y le parecía estar hecha pedazos cuando, de repente. algo estalló como un trueno justo detrás de ella; un viento caliente la dejó sin sentido y un fuego muy rojo le quemó la piel. El hombre grande se había despertado con el ruido, y había disparado los dos cañones de una escopeta recortada justo detrás de la capucha de Nag.
Rikki-tikki siguió sin soltarse, con los ojos cerrados, porque ahora sí que estaba completamente segura de haber muerto; pero la cabeza no se movió, y el hombre la levantó en el aire y dijo:
-Aquí tenemos a la mangosta otra vez, Alice; ahora nuestra amiga nos ha salvado la vida a nosotros.
Entonces entró la madre de Teddy, con la cara muy blanca, y vio los restos de Nag; y Rikki-tikki fue arrastrándose hasta el cuarto de Teddy y pasó la mitad de la noche sacudiéndose suavemente para ver si era verdad que estaba rota en cuarenta pedazos como se estaba imaginando.
Al llegar la mañana, casi no podía moverse, pero estaba muy satisfecha de sus hazañas.
-Ahora tengo que arreglar cuentas con Nagaina, y va a ser peor que cinco Nags, y además, no hay manera de saber cuándo van a empezar a abrirse los huevos de los que hablaba. ¡Caramba! Tengo que hablar con Darzee -dijo.
Sin esperar al desayuno, Rikki-tikki fue corriendo al espino, donde encontró a Darzee cantando una canción triunfal a pleno pulmón. Las noticias de la muerte de Nag se habían extendido por todo el jardín, porque el hombre que barría la casa había arrojado el cuerpo al estercolero.
-¡Bah, estúpido montón de plumas sin seso! -dijo Rikki enfurecida-. ¿Crees que es éste momento para ponerse a cantar?
-¡Nag está muerto..., muerto..., muerto! -cantó Darzee-. La valiente Rikki-tikki lo agarró por la cabeza y no lo soltó. ¡El hombre grande trajo el palo que hace ruido y Nag quedó partido en dos! No volverá a comerse a mis pequeños.
-Todo eso es cierto; pero ¿dónde está Nagaina? -dijo Rikki-tikki, mirando cuidadosamente a su alrededor.
-Nagaina llegó a la compuerta del cuarto de baño y llamó a Nag -siguió Darzee-. Y Nag salió colgado de un palo, porque el hombre que barre lo cogió así y lo tiró al estercolero. ¡Cantemos a la gran Rikki-tikki, la de los ojos rojos! -y Darzee hinchó el cuello y cantó.
-¡Si pudiera llegar a tu nido, echaría al suelo todas tus crías! -dijo Rikki-tikki-. No sabes lo que hay que hacer, ni cuándo hacerlo. Tú estarás muy seguro ahí arriba, en tu nido, pero yo estoy en plena guerra. Deja de cantar un momento, Darzee.
-Por complacer a la grande y hermosa Rikki-tikki, pararé -dijo Darzee-. ¿Qué quieres, justiciera de Nag, el Terrible?
-Por tercera vez, ¿dónde está Nagaina?
-En el estercolero, junto a los establos, llorando la muerte de Nag. ¡Qué grande es Rikki-tikki, la de los dientes blancos!
-¡Vete a paseo con mis dientes blancos! ¿Sabes dónde guarda sus huevos?
-En el melonar, en el lado que está más cerca de la pared, donde da el sol durante todo el día. Los escondió allí hace semanas ya.
-¿Y no se te había ocurrido que sería buena idea contármelo? ¿En el lado que está más cerca de la pared, has dicho?
-Rikki-tikki, ¡no irás a comerte los huevos!
-No; a comérmelos, precisamente, no. Darzee, si tienes una pizca de sentido común, irás volando a los establos y harás como si se te hubiera roto un ala, dejando que Nagaina te persiga hasta este arbusto. Yo tengo que llegar al melonar, pero si voy ahora me va a ver.
Darzee era un animalillo con la cabeza llena de serrín, incapaz de tener en el cerebro más de una idea a la vez: y sólo porque sabía que los hijos de Nagaina nacían de huevos, igual que los suyos, le parecía injusto matarlos. Pero su esposa era un pájaro sensato, y sabía que los huevos de cobra significaban cobras jóvenes al cabo de algún tiempo; por eso salió volando del nido dejando que Darzee se quedara dando calor a los pequeños y cantando sobre la muerte de Nag. Darzee se parecía bastante a un hombre en algunas cosas.
Ella se puso a revolotear delante de Nagaina, junto al estercolero, y gritó:
-¡Ay, tengo un ala rota! El niño de la casa me ha tirado una piedra y me la ha roto.
Y empezó a revolotear más desesperadamente.
Nagaina levantó la cabeza y siseó:
-Tú avisaste a Rikki-tikki cuando yo iba a matarla. Y, la verdad sea dicha, has cogido un sitio muy malo para ponerte a cojear.
Y avanzó hacia la esposa de Darzee, deslizándose sobre el polvo.
-¡El niño me la ha roto con una piedra! -chilló la mujer de Darzee.
-Bueno, pues puede que te sirva de consuelo saber que, cuando estés muerta, yo arreglaré cuentas con ese niño. Mi marido yace en el estercolero esta mañana, pero, antes de que caiga la noche, el niño de la casa también yacerá inmóvil. ¿De qué sirve intentar escapar? Te voy a coger de todas formas. ¡Tonta! ¡Mírame!
La mujer de Darzee era demasiado lista para hacerle caso, porque un pájaro que mira a una serpiente a los ojos se queda tan asustado que no puede moverse. La esposa de Darzee siguió revoloteando y piando quejumbrosamente. sin apartarse del suelo en ningún momento, y Nagaina empezó a avanzar a mayor velocidad.
Rikki-tikki las oyó subiendo por el sendero desde los establos, y se apresuró hacia el lado del melonar que estaba más cerca de la pared. Allí, en un lecho de paja, hábilmente ocultos entre los melones, encontró veinticinco huevos más o menos del tamaño de los de una gallina de Banten, pero cubiertos de piel blanquecina en lugar de cáscara.
-Menos mal que he venido hoy -dijo.
Y es que ya se veían, a través de la piel, unas cobras diminutas y enroscadas, y Rikki-tikki sabía que, en cuanto rompieran los huevos, ya tendrían fuerza para matar a un hombre o a una mangosta. Fue mordiendo la punta de cada huevo a toda velocidad, asegurándose de aplastar las cobritas y removiendo la paja de vez en cuando, para ver si había pasado por alto alguna. Finalmente quedaron sólo tres huevos, y Rikki-tikki soltó una carcajada de alegría; pero en ese momento, oyó a la mujer de Darzee gritando:
-Rikki-tikki, he llevado a Nagaina hacia la casa, y ha subido a la terraza, y, ay, ven corriendo... ¡Va a matar!
Rikki-tikki aplastó dos huevos y rodó hacia atrás por el melonar, con el tercer huevo en la boca, dirigiéndose hacia la terraza todo lo deprisa que le permitían las patas. Teddy, su padre, y la madre, estaban sentados a la mesa para desayunar, pero Rikki-tikki vio que no estaban comiendo nada. Parecían estatuas, y tenían las caras blancas. Nagaina estaba enroscada sobre la estera, junto a la silla de Teddy, tan cerca de la pierna desnuda del niño, que podía lanzarse sobre ella sin ningún esfuerzo; y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, cantando una canción triunfal.
-Hijo del hombre grande que mató a Nag -siseó-, no te muevas. Aún no estoy preparada. Espera un poco. Quédense muy quietos, los tres. Si se mueven, ataco, y si no se mueven, también ataco. ¡Ay, esta gente estúpida, que mató a mi Nag...!
Teddy no apartaba los ojos de su padre, y éste no podía hacer más que susurrar:
-Estate quieto, Teddy. No te muevas. Teddy, estate quieto.
Entonces se acercó Rikki-tikki y gritó:
-Date la vuelta, Nagaina. ¡Date la vuelta y lucha!
-Cada cosa a su tiempo -dijo ella, sin mover los ojos-. Voy a arreglar cuentas contigo en seguida. Mira a tus amigos, Rikki-tikki. Están quietos y blancos; tienen miedo. No se atreven a moverse y, si tú te acercas un paso más, los atacaré.
-Ve a ver tus huevos -dijo Rikki-tikki- en el melonar, junto a la pared. Ve a mirar, Nagaina.
La inmensa serpiente se volvió a medias y vio el huevo encima de la terraza.
-¡Aah! Dámelo -dijo.
Rikki-tikki puso las patas una a cada lado del huevo; tenía los ojos ensangrentados.
-¿Cuál es el precio de un huevo de serpiente? ¿Y el de una cobra joven? ¿Y el de una cobra gigante joven? ¿y el de la última..., la ultimísima de una nidada? Las hormigas se están comiendo las demás ahí abajo, en el melonar.
Nagaina giró en redondo, olvidándose de todo por aquel único huevo; y Rikki-tikki vio cómo el brazo del padre de Teddy salía disparado, agarraba al niño por el hombro y lo pasaba por encima de la mesa y de las tazas de té, poniéndolo fuera del alcance de Nagaina.
-¡Te lo has creído! ¡Te lo has creído! ¡Te 1o has creído! ¡Rikktck-tck! -se carcajeó Rikki-tikki-. El niño está a salvo y fui yo..., yo, yo..., quien cogió a Nag por la capucha ayer por la noche, en el cuarto de baño.
Y empezó a dar saltos, con las cuatro patas juntas y la cabeza mirando hacia el suelo.
-Me sacudió hacia todos lados, pero no logró librarse de mí. Estaba muerto antes de que el hombre grande lo volara en pedazos. Fui yo. ¡Rikki-tikki-tck-tck! Anda, ven, Nagaina. Ven a luchar conmigo. Ya te queda poco de ser viuda.
Nagaina comprendió que había perdido su oportunidad de matar a Teddy, y que el huevo estaba entre las patas de Rikki-tikki.
-Dame el huevo, Rikki-tikki. Dame el último de mis huevos y me iré y no volveré jamás -dijo ella, bajando la capucha.
Sí, te irás y no volverás nunca, porque vas a acabar en el estercolero, con Nag. ¡Lucha, viuda! ¡El hombre grande ha ido a buscar su escopeta! ¡Lucha!
Rikki-tikki daba saltos alrededor de Nagaina sin parar, manteniéndose justo fuera de su alcance, y sus ojillos parecían un par de brasas. Nagaina se replegó sobre sí misma, y salió disparada hacia ella. Rikki-tikki saltó hacia arriba y hacia atrás. Una, y otra, y otra vez, volvió a atacarla, y su cabeza siempre iba a parar contra la estera que cubría la terraza, golpeándose con fuerza; y Nagaina volvía a replegarse contra sí misma, como el muelle de un reloj. Entonces Rikki-tikki bailoteó describiendo un círculo, para ponerse detrás de ella, y Nagaina giró en redondo, para no perderla de vista, y el roce de su cola contra la estera era igual que el de unas hojas secas arrastradas por el viento.
Rikki-tikki se había olvidado del huevo. Seguía encima de la terraza, y Nagaina se fue acercando a él poco a poco, hasta que finalmente, mientras Rikki-tikki recuperaba el aliento, lo cogió en la boca, se volvió hacia las escaleras de la terraza, y bajó por el sendero como una flecha. Cuando una cobra corre para salvarse la vida, va igual de deprisa que un latigazo atravesando el cuello de un caballo. La mangosta sabía que, si no la cazaba, todos los problemas volverían a empezar. La serpiente enfiló hacia la hierba alta que había junto al espino, y Rikki-tikki, mientras corría, oyó que Darzee seguía cantando aquella canción triunfal tan tonta. Pero la esposa de Darzee era más lista. Salió volando del nido al ver aparecer a Nagaina, y empezó a revolotear alrededor de la cabeza de la serpiente. Si Darzee la hubiera ayudado, puede que la hubiesen hecho volverse; pero Nagaina no hizo más que agachar la capucha y seguir adelante. Aun así, ese instante de retraso permitió que Rikki-tikki llegara hasta ella, y cuando se metió en la ratonera en que había vivido con Nag, la mangosta había logrado clavarle los dientes blancos en la cola; y bajó tras ella..., aunque hay muy pocas mangostas, por viejas y astutas que sean, que se atrevan a seguir a una cobra al interior de su agujero. Éste estaba muy oscuro, y Rikki-tikki no sabía si se ensancharía de repente, dando a Nagaina sitio suficiente para volverse y atacarla. Se agarró con fuerza y clavó las patas para que sirvieran de frenos en aquella cuesta oscura de tierra húmeda.
Entonces la hierba que rodeaba la entrada del agujero dejó de moverse, y Darzee dijo:
-Ya ha terminado todo para Rikki-tikki. Cantemos un himno a su muerte. ¡La valiente Rikki-tikki ha muerto! No hay duda de que Nagaina la matará bajo tierra.
Empezó a cantar una canción muy triste que se inventó en ese mismo momento, y justo cuando llegó a la parte más conmovedora, la hierba empezó a moverse otra vez, y Rikki-tikki, cubierta de barro, se arrastró fuera del agujero, sacando las patas de una en una y relamiéndose los bigotes. Darzee se detuvo, dando un gritito. Rikki-tikki se sacudió, quitándose una parte del polvo que tenía en la piel, y estornudó.
-Todo ha terminado -dijo-. La viuda no volverá a salir.
Las hormigas rojas que viven entre los tallos de hierba lo oyeron, y desfilaron hacia el interior, para ver si era verdad lo que había dicho.
Rikki-tikki se hizo un ovillo sobre la hierba y cayó dormida allí mismo... Durmió y durmió hasta muy entrada la tarde, porque había tenido un día muy agitado.
-Ahora -dijo al despertarse-, voy a volver a la casa. Cuéntaselo al Herrerillo, Darzee, que ya se encargará él de informar a todo el jardín sobre la muerte de Nagaina.
El Herrerillo es un pájaro que hace un ruido exactamente igual al de un martillo pequeño repicando sobre un caldero de cobre; y no para de hacerlo porque es el pregonero de todos los jardines indios, y va contando las últimas noticias a todo aquel que quiera oírlas. Mientras Rikki-tikki subía por el sendero, oyó las notas que siempre daba al principio, para pedir atención, como las de una campanilla avisando que ya está lista la comida; y después, un continuo « ¡Din-don-toc!». Al oírlo, todos los pájaros del jardín se pusieron a cantar, y las ranas a croar; porque Nag y Nagaina comían ranas, además de pájaros.
Cuando Rikki llegó a la casa, Teddy, la madre de Teddy (que aún estaba muy blanca, porque se había desmayado) y el padre de Teddy. salieron y casi se pusieron a llorar encima de ella; y aquella noche comió todo lo que le dieron, hasta que ya no pudo más, y se fue a dormir montada en el hombro de Teddy, y allí estaba cuando la madre fue a echarle un vistazo a última hora.
-Nos ha salvado la vida, y a Teddy también -dijo a su marido-. ¡Fíjate! ¡Nos ha salvado la vida a todos!
Rikki-tikki se despertó, dando un respingo, porque todas las mangostas tienen un sueño ligero.
-Ah, son ustedes -dijo Rikki-tikki-. ¿De qué se preocupan tanto? Todas las cobras están muertas, y, si queda alguna, aquí estoy yo.
Rikki-tikki tenía razón al sentirse orgullosa de sí misma pero no se volvió engreída, y cuidó el jardín como debe hacerlo una mangosta, a base de diente, salto, embestida y mordisco, hasta que no quedó una cobra que se atreviera a asomar la cabeza entre aquellas cuatro paredes.
Rudyard Kipling
Ésta es la historia de la gran batalla que sostuvo Rikki-tikki-tavi, sin ayuda de nadie, en los cuartos de baño del gran bungalow que había en el acuartelamiento de Segowlee. Darzee, el pájaro tejedor, la ayudó, y Chuchundra, el ratón almizclero, que nunca anda por el centro del suelo, sino junto a las paredes, silenciosamente, fue quien la aconsejó.
Era una mangosta1, parecida a un gato pequeño en la piel y la cola, pero mucho más cercana a una comadreja en la cabeza y las costumbres. Los ojos y la punta de su hocico inquieto eran de color rosa; podía rascarse donde quisiera, con cualquier pata, delantera o trasera, que le apeteciera usar; podía inflar la cola hasta que pareciera un cepillo para limpiar botellas, y el grito de guerra que daba cuando iba correteando por las altas hierbas era:
-¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchk!
Un día, una de las grandes riadas de verano la sacó de la madriguera en que vivía con su padre y su madre, y la arrastró, pataleando y cloqueando, a una zanja al borde de la carretera. En ella flotaba un pequeño manojo de hierba al que se agarró hasta perder el sentido. Cuando se reanimó, estaba tumbada al calor del sol en mitad del sendero de un jardín, rebozada de barro, y un niño pequeño decía:
-Una mangosta muerta. Vamos a enterrarla.
-No -dijo su madre-, vamos a meterla dentro para secarla. Puede que no esté muerta.
La llevaron a la casa, y un hombre grande la cogió entre el índice y el pulgar y dijo que no estaba muerta, sino medio ahogada; con lo cual la envolvieron en algodón, le dieron calor, y ella abrió los ojos y estornudó.
-Ahora -dijo el hombre grande (era un inglés que se acababa de mudar al bungalow)-, no la asusten, y vamos a ver qué hace.
Asustar a una mangosta es lo más difícil del mundo, porque está llena de curiosidad, desde el hocico hasta la cola. El lema de la familia de las mangostas es: «Corre y entérate», y Rikki-tikki hacía honor a su raza. Miró el algodón, decidió que no era comestible, y se puso a dar vueltas alrededor de la mesa; se sentó alisándose la piel y rascándose, y subió al hombro del niño de un salto.
-No te asustes, Teddy -dijo su padre-. Eso es que quiere hacerse amiga tuya.
-¡Ay! Me está haciendo cosquillas debajo de la barbilla -dijo Teddy.
Rikki-tikki se puso a mirar debajo del cuello de la camisa del niño, le olisqueó la oreja, y bajó por su cuerpo hasta el suelo, donde se sentó, restregándose el hocico.
-Pero ¡bueno! -dijo la madre de Teddy-. ¿Y esto es un animal salvaje? Será que se está portando bien porque hemos sido amables con él.
-Todas las mangostas son así -dijo su marido-. Si Teddy no la coge por la cola, o intenta meterla en una jaula. se pasará todo el día entrando y saliendo de la casa. Vamos a darle algo de comer.
Le dieron un trocito de carne cruda. A Rikki-tikki le gustó muchísimo y, al terminárselo, salió corriendo a la terraza, se sentó al sol y erizó la piel para que los pelos se le secaran hasta las raíces. Entonces empezó a sentirse mejor.
«Aún me quedan tantas cosas por descubrir en esta casa -se dijo a sí misma-, que los de mi familia tardarían toda una vida en conseguirlo. Pienso quedarme y enterarme de todo.»
Se dedicó a dar vueltas por la casa durante el resto del día. Estuvo a punto de ahogarse en las bañeras, metió la nariz en el tintero que había encima del escritorio, y se la quemó con la punta del cigarro del hombre grande, porque se le había subido a las rodillas para ver cómo se escribía. Al anochecer se metió en el cuarto de Teddy para ver cómo se encendían las lámparas de parafina, y cuando Teddy se metió en la cama, Rikki-tikki hizo lo mismo; pero era un compañero muy inquieto, porque tenía que estar levantándose toda la noche, cada vez que oía un ruido, para ver de dónde venía. A última hora, la madre y el padre de Teddy entraron a echar un vistazo a su hijo, y Rikki-tikki estaba despierta encima de la almohada.
-Esto no me gusta -dijo la madre de Teddy-. Puede que muerda al niño.
-No va a hacer nada semejante -dijo el padre-. Teddy está más seguro con esa fierecilla que si tuviera a un sabueso vigilándolo. Si ahora mismo entrara una serpiente en este cuarto...
Pero la madre de Teddy no quería ni pensar en algo tan horrible.
Por la mañana temprano, Rikki-tikki fue a la terraza a desayunar, montada sobre el hombro de Teddy, y le dieron un poco de plátano y de huevo pasado por agua; se fue sentando en las rodillas de todos, uno detrás de otro, porque todas las mangostas de buena familia aspiran a ser mangostas caseras algún día, y acabar teniendo habitaciones en las que poder correr, y la madre de Rikki-tikki (que había vivido en casa del General, en Segowlee) le había explicado cuidadosamente a Rikki-tikki lo que tenía que hacer cuando se encontrara entre hombres blancos.
Después Rikki-tikki se fue al jardín para ver si había algo que mereciera la pena. Era un jardín grande, a medio cultivar, con arbustos igual de grandes que los cenadores hechos de rosales del Mariscal Niel; limeros y naranjos, matas de bambú, y partes llenas de hierba alta.
-Esto es un coto de caza espléndido -dijo, y la cola se le infló, poniéndosele como un cepillo para limpiar botellas, nada más pensarlo, y correteó por todo el jardín, olisqueando por aquí y por allí hasta que oyó unas voces muy tristes que venían de un espino.
Era Darzee, el pájaro tejedor, y su mujer. Había hecho un nido precioso juntando dos hojas grandes y cosiendo los bordes con fibras, llenándolo de algodón y pelusa parecida al plumón. El nido se balanceaba de un lado a otro, y ellos estaban sentados en el borde, llorando.
-¿Qué ocurre? -preguntó Rikki-tikki.
-Estamos desolados -dijo Darzee-. Uno de nuestros hijos se cayó del nido ayer, y Nag se lo comió.
-¡Hmm! -dijo Rikki-tikki-, eso es muy triste..., pero yo no soy de aquí. ¿Quién es Nag?
Darzee y su mujer se limitaron a esconderse dentro del nido. Sin contestar, porque de la hierba espesa que había al pie del arbusto salió un silbido sordo, un sonido frío y horrible que hizo a Rikki-tikki saltar hacia atrás medio metro. Entonces, centímetro a centímetro, fue saliendo de la hierba la cabeza y la capucha abierta de Nag, la enorme cobra negra, que medía casi dos metros desde la lengua hasta la punta de la cola. Cuando hubo levantado del suelo una tercera parte del cuerpo, se quedó balanceándose hacia delante y hacia atrás, exactamente igual que una mata de diente de león bamboleándose al viento, y miró a Rikki-tikki con esos ojos tan malvados que tienen las serpientes, que nunca cambian de expresión, piensen lo que piensen.
-¿Que quién es Nag? -dijo-. Yo soy Nag. El gran dios Brahma puso su marca sobre todas las de nuestra especie cuando la primera cobra abrió la capucha para protegerle del sol mientras dormía. ¡Mírame y tiembla!
Abrió la capucha más todavía y Rikki-tikki vio, en la parte de atrás, la marca que parece un par de anteojos, y que es exactamente igual que la parte de un corchete que se llama «hembra». Durante un instante tuvo miedo; pero es imposible que una mangosta esté asustada mucho tiempo, y aunque era la primera vez que Rikki-tikki veía una cobra viva, su madre la había alimentado con cobras muertas, y sabía que el único deber de una mangosta adulta es cazar serpientes y comérselas. Nag también lo sabía, y en el fondo de su frío corazón tenía miedo.
-Bueno -dijo Rikki-tikki, y la cola se le volvió a inflar-, dejando a un lado lo de las marcas, ¿te parece bonito comerse a las crías que se caen de los nidos?
Nag se había quedado pensativo, observando hasta el más mínimo movimiento que se produjera en la hierba detrás de Rikki-tikki. Sabía que, si empezaba a haber mangostas en el jardín, acabaría significando una muerte segura para él y su familia, tarde o temprano, pero quería coger a Rikki-tikki desprevenida. Dejó caer un poco la cabeza hacia un lado.
-Hablemos -dijo-. Tú comes huevos. Y yo, ¿por qué no voy a poder comer pájaros?
-¡Detrás! ¡Mira detrás de ti! -cantó Darzee.
Rikki-tikki era demasiado lista para perder el tiempo mirando. Dio un salto hacia arriba, todo lo alto que pudo, y justo por debajo de ella pasó silbando la cabeza de Nagaina, la malvada esposa de Nag. Se había ido acercando sigilosamente por detrás, para acabar con la mangosta; y ésta la oyó soltar un susurro feroz al errar el golpe. Rikki-tikki cayó casi encima de su espalda y, de haber sido una mangosta vieja, habría sabido que ése era el momento adecuado para romperle el espinazo de un mordisco; pero le dio miedo el terrible latigazo que da la cobra con la cola para defenderse. Mordió, eso sí, pero no durante el tiempo suficiente, y esquivó la sacudida de la cola, dejando a Nagaina herida y furiosa.
-¡Darzee! ¡Malvado! ¡Malvado! -dijo Nag, serpenteando hacia arriba lo más alto que pudo, intentando llegar al nido que había en el espino.
Pero Darzee lo había construido fuera del alcance de la serpiente, y sólo consiguió bambolearlo.
Rikki-tikiu notó que los ojos se le estaban poniendo rojos y le ardían (cuando a una mangosta se le ponen los ojos rojos, está enfadada), y se sentó, apoyándose en la cola y las patas traseras, como un canguro pequeño, mirando a su alrededor y temblando de rabia. Pero Nag y Nagaina ya habían desaparecido entre la hierba. Cuando una serpiente falla el golpe, nunca dice nada, ni da pistas sobre lo siguiente que va a hacer. Rikki-tikki no tenía el menor interés en seguirlas, porque no estaba segura de poder ocuparse de dos serpientes a la vez. Correteó hacia el sendero de gravilla que había junto a la casa y se sentó a pensar. Aquél era un asunto serio.
Si cogen un libro antiguo de historia natural, leerán que, cuando una mangosta recibe un mordisco de una serpiente en una pelea, se va corriendo a comer unas hierbas que la curan. Esto no es verdad. La victoria consiste en una cuestión de velocidad, tanto de ojos como de pies; se trata del golpe de la serpiente contra el salto de la mangosta; y como no hay ojo capaz de seguir el movimiento de la cabeza de una serpiente al atacar, esto hace que las cosas ocurran de un modo mucho más maravilloso que si se tratara de hierbas mágicas. Rikki-tikki era consciente de ser una mangosta joven, y precisamente por ello, estaba muy satisfecha de haber esquivado un ataque por la espalda. Le dio confianza en sí misma, y cuando Teddy se acercó corriendo por el sendero, Rikki-tikki estaba dispuesta a dejarse acariciar.
Pero justo en el momento en que Teddy se agachaba, algo dio un respingo en el polvo, y su vocecita dijo:
-¡Cuidado! ¡Soy la muerte!
Era Karait, la culebra diminuta de color marrón polvoriento que se mete en la arena adrede, y cuyo mordisco es tan peligroso como el de la cobra. Además, es tan pequeña que nadie piensa en ella, con lo cual resulta más dañina.
A Rikki-tikki se le volvieron a poner los ojos rojos, y se acercó bailoteando hasta Karait, con aquel contoneo tan peculiar que había heredado de su familia. Parece muy gracioso, pero es un movimiento tan equilibrado que permite despegar de un solo salto desde el ángulo que se quiera; y tratándose de serpientes, esa es una gran ventaja. Lo que Rikki-tikki no sabía es que estaba haciendo algo mucho más peligroso que luchar con Nag, porque Karait es tan pequeña y puede retorcerse con tanta agilidad que, a no ser que la mordiera cerca del cogote, recibiría el latigazo en un ojo o en el hocico. Pero Rikki no lo sabía: tenía los ojos ensangrentados y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, buscando un buen sitio donde atacar. Karait se lanzó hacia ella. Rikki saltó a un lado y trató de echarse encima de la culebra, pero la cabecita malvada de color gris polvoriento la envistió, casi rozándole el hombro, y tuvo que saltar por encima, con la cabeza de la serpiente pegada a sus patas.
Teddy se volvió hacia la casa, gritando:
-¡Miren! ¡Nuestra mangosta está matando una serpiente!
Rikki-tikki oyó un grito de la madre de Teddy. Su padre salió corriendo con un palo, pero en el tiempo que tardó en llegar, Karait había dado una embestida mal calculada; Rikki-tikki se lanzó, cayó encima de la serpiente, metió la cabeza todo lo lejos que pudo entre sus patas delanteras, mordió lo más cerca de la cabeza que llegó, y se alejó rodando. Aquel mordisco dejó a Karait paralizada, y Rikki-tikki estaba a punto de devorarla empezando por la cola, siguiendo la costumbre de su familia a la hora de la comida, cuando se acordó de que un estómago lleno equivale a una mangosta lenta, y si quería conservar toda su fuerza y agilidad. tendría que procurar estar delgada.
Se alejó para darse un baño bajo las matas de aceite de ricino, mientras el padre de Teddy golpeaba a Karait, ya muerta.
« ¿De qué sirve eso? -pensó Rikki-tikki-. Si yo ya lo he solucionado todo.»
Y entonces la madre de Teddy la levantó del polvo y la abrazó, exclamando que había salvado la vida de su hijo, y el padre de Teddy dijo que era una providencia, y Teddy puso cara de susto, abriendo mucho los ojos. Rikki-tikki estaba bastante divertida con todo el alboroto aquel, que, por supuesto, no entendía. Le habría dado igual que la madre de Teddy la hubiera acariciado por jugar en el polvo. Rikki lo estaba pasando estupendamente.
Aquella noche, durante la cena, mientras se paseaba entre los vasos de vino de la mesa, podía haber comido el triple de cosas buenas; pero se acordó de Nag y Nagaina, y aunque era muy agradable recibir caricias de la madre de Teddy y sentarse en el hombro del niño, de vez en cuando se le enrojecían los ojos, y lanzaba su largo grito de guerra:
-¡Rikk-tikk-tikki-tikki-tchk!
Teddy se la llevó a la cama con él, e insistió en que Rikki-tikki durmiera bajo su barbilla. Rikki-tikki estaba demasiado bien educada para morder o arañar, pero en cuanto Teddy se durmió, fue a darse un paseo nocturno por la casa, y en la mitad de la oscuridad se encontró con Chuchundra, el ratón almizclero, correteando pegado a la pared. Chuchundra es un animalillo que vive desconsolado. Se pasa toda la noche lloriqueando y haciendo gorgoritos, intentando decidirse a salir al centro de la habitación, pero nunca consigue llegar.
-No me mates -dijo Chuchundra, casi sollozando-. Rikki-tikki, no me mates.
-¿Tú crees que el que mata serpientes mata ratones almizcleros? -preguntó Rikki-tikki desdeñosamente.
-Los que matan serpientes son matados por serpientes -dijo Chuchundra, con más desconsuelo que nunca-. ¿Y cómo voy a estar seguro de que Nag no me confunda contigo en una noche oscura?
-No hay ningún peligro -dijo Rikki-tikki-; además, Nag está en el jardín, y sé que tú no sales nunca.
-Mi prima Chua, la rata, me ha dicho... -dijo Chuchundra, y se detuvo.
-¿Te ha dicho qué?
-¡Sssh! Nag está en todas partes, Rikki-tikki. Deberías haber hablado con Chua en el jardín.
-Pues no he hablado con ella..., así que tienes que decírmelo tú. ¡Rápido, Chuchundra, o te doy un mordisco!
Chuchundra se sentó y empezó a llorar, hasta que las lágrimas le empaparon el bigote.
-Soy un pobre desgraciado -sollozó-. Nunca he tenido el suficiente valor para salir al centro de la habitación. ¡Sssh! Es mejor que no te diga nada. ¿No oyes algo, Rikki-tikki?
Rikki-tikki se puso a escuchar. La casa estaba en silencio absoluto, pero le pareció oír un rac-rac muy apagado (un ruido tan suave como el que hace una avispa al andar por el cristal de una ventana), el roce de las escamas de una serpiente arrastrándose sobre unas baldosas.
«Es Nag o Nagaina -se dijo a sí misma- y está deslizándose por la compuerta del cuarto de baño. Tienes razón, Chuchundra; debería haber hablado con Chua.»
Se dirigió sigilosamente al cuarto de baño de Teddy, pero no había nadie: después fue al cuarto de baño de la madre de Teddy. Al pie de una de las paredes de yeso, había un ladrillo levantado para que sirviera de compuerta de salida del agua, y Rikki-tikki, al pasar junto al borde de ladrillo en que va encajada la bañera, oyó a Nag y Nagaina cuchicheando fuera, a la luz de la luna.
-Cuando no quede gente en la casa -decía Nagaina a su marido-, se tendrá que ir, y entonces volveremos a tener el jardín para nosotros solos. No hagas ruido al entrar, y recuerda que el hombre que mató a Karait es el primero a quien hay que morder. Luego sal a contármelo, y buscaremos a Rikki-tikki los dos juntos.
-Pero ¿estás segura de que matar a la gente tiene alguna ventaja? -dijo Nag.
-Por supuesto. Cuando no había gente en la casa, ¿teníamos una mangosta en el jardín? Mientras el bungalow esté vacío, seremos el rey y la reina del jardín; y recuerda que, cuando se abran los huevos que hemos puesto en el melonar (cosa que puede ocurrir mañana), a los pequeños les va a hacer falta más espacio y tranquilidad.
-No había pensado en eso -dijo Nag-. Iré, pero no es necesario que busquemos a Rikki-tikki después. Yo voy a matar al hombre grande y a su mujer, y al niño si puedo, y a irme tranquilamente. Entonces el bungalow estará vacío, y Rikki-tikki se irá.
Rikki-tikki notó un cosquilleo por todo el cuerpo al oír esto, y le entró rabia y odio; entonces apareció la cabeza de Nag por la compuerta, con sus casi dos metros de cuerpo helado detrás. Aunque estaba indignada, Rikki-tikki se asustó mucho al ver el tamaño de la enorme cobra. Nag se enroscó, levantó la cabeza, y miró al interior del cuarto de baño en la oscuridad, y Rikki vio cómo le brillaban los ojos.
-Bueno..., si lo mato aquí Nagaina se enterará: y si lucho con él en mitad de la habitación, todas las probabilidades están a su favor. ¿Qué debo hacer? -dijo Rikki-tikkitavi.
Nag se balanceó hacia delante y hacia atrás, y entonces Rikki-tikki lo oyó beber del jarrón de agua más grande, que se usaba para llenar el baño.
-Qué buena -dijo la serpiente-. A ver..., cuando mataron a Karait, el hombre grande llevaba un palo. Puede que aún lo tenga, pero cuando venga a bañarse por la mañana no lo traerá. Voy a esperar aquí hasta que entre. Nagaina..., ¿me oyes? Voy a esperar aquí, al fresco, hasta que llegue el día.
No hubo contestación desde fuera, por lo que Rikki-tikki supo que Nagaina se había marchado. Nag fue enroscando sus anillos, uno a uno, alrededor de la parte más ancha del jarrón, y Rikki se quedó tan quieta como un muerto. Al cabo de una hora empezó a moverse, músculo tras músculo, hacia el jarrón. Nag estaba dormido, y Rikki-tikki contempló su inmensa espalda, pensando en cuál sería el mejor sitio para dar un mordisco.
-Si no le parto el espinazo al primer salto, podrá seguir luchando, y, como luche..., ¡ay, Rikki!
Se fijó en la parte más gruesa del cuello, debajo de la capucha, pero no iba a poder con aquello; y si lo mordía en la cola, sólo conseguiría enfurecer a Nag.
-Tendrá que ser en la cabeza -dijo finalmente-; en la cabeza, por encima de la capucha, y una vez que esté ahí, no debo soltar.
Entonces se lanzó. La cabeza estaba algo separada del jarrón, por debajo de la curva; y al juntar las dos filas de dientes, Rikki-tikki apoyó la espalda en el bulto que tenía la pieza de cerámica roja, para tener mejor sujeta su presa. Esto le dio sólo un segundo de ventaja, y lo usó al máximo. Después se vio zarandeada de un lado a otro, como una rata cogida por un perro..., de aquí para allá sobre el suelo, de arriba abajo, y dando vueltas, haciendo grandes círculos; pero tenía los ojos rojos y siguió agarrada mientras el cuerpo se convulsionaba por el suelo, tirando el bote de hojalata, la jabonera, el cepillo para la piel; y se golpeó contra las paredes metálicas del baño. Mientras seguía aferrada, iba mordiendo cada vez con más fuerza, porque estaba segura de que iba a morir a golpes, y por el honor de la familia, prefería que la encontraran con los dientes bien apretados. Estaba mareada, dolorida, y le parecía estar hecha pedazos cuando, de repente. algo estalló como un trueno justo detrás de ella; un viento caliente la dejó sin sentido y un fuego muy rojo le quemó la piel. El hombre grande se había despertado con el ruido, y había disparado los dos cañones de una escopeta recortada justo detrás de la capucha de Nag.
Rikki-tikki siguió sin soltarse, con los ojos cerrados, porque ahora sí que estaba completamente segura de haber muerto; pero la cabeza no se movió, y el hombre la levantó en el aire y dijo:
-Aquí tenemos a la mangosta otra vez, Alice; ahora nuestra amiga nos ha salvado la vida a nosotros.
Entonces entró la madre de Teddy, con la cara muy blanca, y vio los restos de Nag; y Rikki-tikki fue arrastrándose hasta el cuarto de Teddy y pasó la mitad de la noche sacudiéndose suavemente para ver si era verdad que estaba rota en cuarenta pedazos como se estaba imaginando.
Al llegar la mañana, casi no podía moverse, pero estaba muy satisfecha de sus hazañas.
-Ahora tengo que arreglar cuentas con Nagaina, y va a ser peor que cinco Nags, y además, no hay manera de saber cuándo van a empezar a abrirse los huevos de los que hablaba. ¡Caramba! Tengo que hablar con Darzee -dijo.
Sin esperar al desayuno, Rikki-tikki fue corriendo al espino, donde encontró a Darzee cantando una canción triunfal a pleno pulmón. Las noticias de la muerte de Nag se habían extendido por todo el jardín, porque el hombre que barría la casa había arrojado el cuerpo al estercolero.
-¡Bah, estúpido montón de plumas sin seso! -dijo Rikki enfurecida-. ¿Crees que es éste momento para ponerse a cantar?
-¡Nag está muerto..., muerto..., muerto! -cantó Darzee-. La valiente Rikki-tikki lo agarró por la cabeza y no lo soltó. ¡El hombre grande trajo el palo que hace ruido y Nag quedó partido en dos! No volverá a comerse a mis pequeños.
-Todo eso es cierto; pero ¿dónde está Nagaina? -dijo Rikki-tikki, mirando cuidadosamente a su alrededor.
-Nagaina llegó a la compuerta del cuarto de baño y llamó a Nag -siguió Darzee-. Y Nag salió colgado de un palo, porque el hombre que barre lo cogió así y lo tiró al estercolero. ¡Cantemos a la gran Rikki-tikki, la de los ojos rojos! -y Darzee hinchó el cuello y cantó.
-¡Si pudiera llegar a tu nido, echaría al suelo todas tus crías! -dijo Rikki-tikki-. No sabes lo que hay que hacer, ni cuándo hacerlo. Tú estarás muy seguro ahí arriba, en tu nido, pero yo estoy en plena guerra. Deja de cantar un momento, Darzee.
-Por complacer a la grande y hermosa Rikki-tikki, pararé -dijo Darzee-. ¿Qué quieres, justiciera de Nag, el Terrible?
-Por tercera vez, ¿dónde está Nagaina?
-En el estercolero, junto a los establos, llorando la muerte de Nag. ¡Qué grande es Rikki-tikki, la de los dientes blancos!
-¡Vete a paseo con mis dientes blancos! ¿Sabes dónde guarda sus huevos?
-En el melonar, en el lado que está más cerca de la pared, donde da el sol durante todo el día. Los escondió allí hace semanas ya.
-¿Y no se te había ocurrido que sería buena idea contármelo? ¿En el lado que está más cerca de la pared, has dicho?
-Rikki-tikki, ¡no irás a comerte los huevos!
-No; a comérmelos, precisamente, no. Darzee, si tienes una pizca de sentido común, irás volando a los establos y harás como si se te hubiera roto un ala, dejando que Nagaina te persiga hasta este arbusto. Yo tengo que llegar al melonar, pero si voy ahora me va a ver.
Darzee era un animalillo con la cabeza llena de serrín, incapaz de tener en el cerebro más de una idea a la vez: y sólo porque sabía que los hijos de Nagaina nacían de huevos, igual que los suyos, le parecía injusto matarlos. Pero su esposa era un pájaro sensato, y sabía que los huevos de cobra significaban cobras jóvenes al cabo de algún tiempo; por eso salió volando del nido dejando que Darzee se quedara dando calor a los pequeños y cantando sobre la muerte de Nag. Darzee se parecía bastante a un hombre en algunas cosas.
Ella se puso a revolotear delante de Nagaina, junto al estercolero, y gritó:
-¡Ay, tengo un ala rota! El niño de la casa me ha tirado una piedra y me la ha roto.
Y empezó a revolotear más desesperadamente.
Nagaina levantó la cabeza y siseó:
-Tú avisaste a Rikki-tikki cuando yo iba a matarla. Y, la verdad sea dicha, has cogido un sitio muy malo para ponerte a cojear.
Y avanzó hacia la esposa de Darzee, deslizándose sobre el polvo.
-¡El niño me la ha roto con una piedra! -chilló la mujer de Darzee.
-Bueno, pues puede que te sirva de consuelo saber que, cuando estés muerta, yo arreglaré cuentas con ese niño. Mi marido yace en el estercolero esta mañana, pero, antes de que caiga la noche, el niño de la casa también yacerá inmóvil. ¿De qué sirve intentar escapar? Te voy a coger de todas formas. ¡Tonta! ¡Mírame!
La mujer de Darzee era demasiado lista para hacerle caso, porque un pájaro que mira a una serpiente a los ojos se queda tan asustado que no puede moverse. La esposa de Darzee siguió revoloteando y piando quejumbrosamente. sin apartarse del suelo en ningún momento, y Nagaina empezó a avanzar a mayor velocidad.
Rikki-tikki las oyó subiendo por el sendero desde los establos, y se apresuró hacia el lado del melonar que estaba más cerca de la pared. Allí, en un lecho de paja, hábilmente ocultos entre los melones, encontró veinticinco huevos más o menos del tamaño de los de una gallina de Banten, pero cubiertos de piel blanquecina en lugar de cáscara.
-Menos mal que he venido hoy -dijo.
Y es que ya se veían, a través de la piel, unas cobras diminutas y enroscadas, y Rikki-tikki sabía que, en cuanto rompieran los huevos, ya tendrían fuerza para matar a un hombre o a una mangosta. Fue mordiendo la punta de cada huevo a toda velocidad, asegurándose de aplastar las cobritas y removiendo la paja de vez en cuando, para ver si había pasado por alto alguna. Finalmente quedaron sólo tres huevos, y Rikki-tikki soltó una carcajada de alegría; pero en ese momento, oyó a la mujer de Darzee gritando:
-Rikki-tikki, he llevado a Nagaina hacia la casa, y ha subido a la terraza, y, ay, ven corriendo... ¡Va a matar!
Rikki-tikki aplastó dos huevos y rodó hacia atrás por el melonar, con el tercer huevo en la boca, dirigiéndose hacia la terraza todo lo deprisa que le permitían las patas. Teddy, su padre, y la madre, estaban sentados a la mesa para desayunar, pero Rikki-tikki vio que no estaban comiendo nada. Parecían estatuas, y tenían las caras blancas. Nagaina estaba enroscada sobre la estera, junto a la silla de Teddy, tan cerca de la pierna desnuda del niño, que podía lanzarse sobre ella sin ningún esfuerzo; y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, cantando una canción triunfal.
-Hijo del hombre grande que mató a Nag -siseó-, no te muevas. Aún no estoy preparada. Espera un poco. Quédense muy quietos, los tres. Si se mueven, ataco, y si no se mueven, también ataco. ¡Ay, esta gente estúpida, que mató a mi Nag...!
Teddy no apartaba los ojos de su padre, y éste no podía hacer más que susurrar:
-Estate quieto, Teddy. No te muevas. Teddy, estate quieto.
Entonces se acercó Rikki-tikki y gritó:
-Date la vuelta, Nagaina. ¡Date la vuelta y lucha!
-Cada cosa a su tiempo -dijo ella, sin mover los ojos-. Voy a arreglar cuentas contigo en seguida. Mira a tus amigos, Rikki-tikki. Están quietos y blancos; tienen miedo. No se atreven a moverse y, si tú te acercas un paso más, los atacaré.
-Ve a ver tus huevos -dijo Rikki-tikki- en el melonar, junto a la pared. Ve a mirar, Nagaina.
La inmensa serpiente se volvió a medias y vio el huevo encima de la terraza.
-¡Aah! Dámelo -dijo.
Rikki-tikki puso las patas una a cada lado del huevo; tenía los ojos ensangrentados.
-¿Cuál es el precio de un huevo de serpiente? ¿Y el de una cobra joven? ¿Y el de una cobra gigante joven? ¿y el de la última..., la ultimísima de una nidada? Las hormigas se están comiendo las demás ahí abajo, en el melonar.
Nagaina giró en redondo, olvidándose de todo por aquel único huevo; y Rikki-tikki vio cómo el brazo del padre de Teddy salía disparado, agarraba al niño por el hombro y lo pasaba por encima de la mesa y de las tazas de té, poniéndolo fuera del alcance de Nagaina.
-¡Te lo has creído! ¡Te lo has creído! ¡Te 1o has creído! ¡Rikktck-tck! -se carcajeó Rikki-tikki-. El niño está a salvo y fui yo..., yo, yo..., quien cogió a Nag por la capucha ayer por la noche, en el cuarto de baño.
Y empezó a dar saltos, con las cuatro patas juntas y la cabeza mirando hacia el suelo.
-Me sacudió hacia todos lados, pero no logró librarse de mí. Estaba muerto antes de que el hombre grande lo volara en pedazos. Fui yo. ¡Rikki-tikki-tck-tck! Anda, ven, Nagaina. Ven a luchar conmigo. Ya te queda poco de ser viuda.
Nagaina comprendió que había perdido su oportunidad de matar a Teddy, y que el huevo estaba entre las patas de Rikki-tikki.
-Dame el huevo, Rikki-tikki. Dame el último de mis huevos y me iré y no volveré jamás -dijo ella, bajando la capucha.
Sí, te irás y no volverás nunca, porque vas a acabar en el estercolero, con Nag. ¡Lucha, viuda! ¡El hombre grande ha ido a buscar su escopeta! ¡Lucha!
Rikki-tikki daba saltos alrededor de Nagaina sin parar, manteniéndose justo fuera de su alcance, y sus ojillos parecían un par de brasas. Nagaina se replegó sobre sí misma, y salió disparada hacia ella. Rikki-tikki saltó hacia arriba y hacia atrás. Una, y otra, y otra vez, volvió a atacarla, y su cabeza siempre iba a parar contra la estera que cubría la terraza, golpeándose con fuerza; y Nagaina volvía a replegarse contra sí misma, como el muelle de un reloj. Entonces Rikki-tikki bailoteó describiendo un círculo, para ponerse detrás de ella, y Nagaina giró en redondo, para no perderla de vista, y el roce de su cola contra la estera era igual que el de unas hojas secas arrastradas por el viento.
Rikki-tikki se había olvidado del huevo. Seguía encima de la terraza, y Nagaina se fue acercando a él poco a poco, hasta que finalmente, mientras Rikki-tikki recuperaba el aliento, lo cogió en la boca, se volvió hacia las escaleras de la terraza, y bajó por el sendero como una flecha. Cuando una cobra corre para salvarse la vida, va igual de deprisa que un latigazo atravesando el cuello de un caballo. La mangosta sabía que, si no la cazaba, todos los problemas volverían a empezar. La serpiente enfiló hacia la hierba alta que había junto al espino, y Rikki-tikki, mientras corría, oyó que Darzee seguía cantando aquella canción triunfal tan tonta. Pero la esposa de Darzee era más lista. Salió volando del nido al ver aparecer a Nagaina, y empezó a revolotear alrededor de la cabeza de la serpiente. Si Darzee la hubiera ayudado, puede que la hubiesen hecho volverse; pero Nagaina no hizo más que agachar la capucha y seguir adelante. Aun así, ese instante de retraso permitió que Rikki-tikki llegara hasta ella, y cuando se metió en la ratonera en que había vivido con Nag, la mangosta había logrado clavarle los dientes blancos en la cola; y bajó tras ella..., aunque hay muy pocas mangostas, por viejas y astutas que sean, que se atrevan a seguir a una cobra al interior de su agujero. Éste estaba muy oscuro, y Rikki-tikki no sabía si se ensancharía de repente, dando a Nagaina sitio suficiente para volverse y atacarla. Se agarró con fuerza y clavó las patas para que sirvieran de frenos en aquella cuesta oscura de tierra húmeda.
Entonces la hierba que rodeaba la entrada del agujero dejó de moverse, y Darzee dijo:
-Ya ha terminado todo para Rikki-tikki. Cantemos un himno a su muerte. ¡La valiente Rikki-tikki ha muerto! No hay duda de que Nagaina la matará bajo tierra.
Empezó a cantar una canción muy triste que se inventó en ese mismo momento, y justo cuando llegó a la parte más conmovedora, la hierba empezó a moverse otra vez, y Rikki-tikki, cubierta de barro, se arrastró fuera del agujero, sacando las patas de una en una y relamiéndose los bigotes. Darzee se detuvo, dando un gritito. Rikki-tikki se sacudió, quitándose una parte del polvo que tenía en la piel, y estornudó.
-Todo ha terminado -dijo-. La viuda no volverá a salir.
Las hormigas rojas que viven entre los tallos de hierba lo oyeron, y desfilaron hacia el interior, para ver si era verdad lo que había dicho.
Rikki-tikki se hizo un ovillo sobre la hierba y cayó dormida allí mismo... Durmió y durmió hasta muy entrada la tarde, porque había tenido un día muy agitado.
-Ahora -dijo al despertarse-, voy a volver a la casa. Cuéntaselo al Herrerillo, Darzee, que ya se encargará él de informar a todo el jardín sobre la muerte de Nagaina.
El Herrerillo es un pájaro que hace un ruido exactamente igual al de un martillo pequeño repicando sobre un caldero de cobre; y no para de hacerlo porque es el pregonero de todos los jardines indios, y va contando las últimas noticias a todo aquel que quiera oírlas. Mientras Rikki-tikki subía por el sendero, oyó las notas que siempre daba al principio, para pedir atención, como las de una campanilla avisando que ya está lista la comida; y después, un continuo « ¡Din-don-toc!». Al oírlo, todos los pájaros del jardín se pusieron a cantar, y las ranas a croar; porque Nag y Nagaina comían ranas, además de pájaros.
Cuando Rikki llegó a la casa, Teddy, la madre de Teddy (que aún estaba muy blanca, porque se había desmayado) y el padre de Teddy. salieron y casi se pusieron a llorar encima de ella; y aquella noche comió todo lo que le dieron, hasta que ya no pudo más, y se fue a dormir montada en el hombro de Teddy, y allí estaba cuando la madre fue a echarle un vistazo a última hora.
-Nos ha salvado la vida, y a Teddy también -dijo a su marido-. ¡Fíjate! ¡Nos ha salvado la vida a todos!
Rikki-tikki se despertó, dando un respingo, porque todas las mangostas tienen un sueño ligero.
-Ah, son ustedes -dijo Rikki-tikki-. ¿De qué se preocupan tanto? Todas las cobras están muertas, y, si queda alguna, aquí estoy yo.
Rikki-tikki tenía razón al sentirse orgullosa de sí misma pero no se volvió engreída, y cuidó el jardín como debe hacerlo una mangosta, a base de diente, salto, embestida y mordisco, hasta que no quedó una cobra que se atreviera a asomar la cabeza entre aquellas cuatro paredes.
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